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INNOVA CANTABRIA
Ver una película como un personaje más
INNOVA SANTANDER / INNOVA | Domingo, 27 de Septiembre de 2009

 

 

Desde que apareció el concepto del cine, con sus rudimentarias formas de grabación, edición y emisión, hasta las técnicas y fórmulas para visionar películas en la gran pantalla que tenemos en la actualidad, han sido muchos los inventos e innovaciones que se han ido produciendo.

Y es que la historia del cine es extensa y compleja. 1824 es el año en el que se iniciaron los experimentos para emitir imágenes en movimiento a través de la difusión de una sucesión de diapositivas dibujadas a mano.

Dos siglos después podemos disfrutar de sofisticadas películas de animación realizadas con innovadoras técnicas informáticas. Las imágenes hablan por sí mismas de la evolución que ha experimentado el sector.

Dentro de los sistemas de proyección que tenemos hoy en día, la tecnología 3D está cobrando fuerza dentro de la industria productora y emisora, así como entre los espectadores.

Una perspectiva diferente

El motivo de este crecimiento es que las sensaciones que genera entre el público son mucho más intensas. El espectador percibe las imágenes como si fuera un personaje más del filme. La mejora en las tecnologías de visionado está haciendo el resto.

La forma de conseguir este efecto es simular una imagen estereocópica, que es la encargada de dar al espectador la sensación de estar dentro de la pantalla.

Hoy en día, la técnica aplicada es la autoestereoscopia, el sistema que va aparejado a las pantallas 3D y es capaz de transmitir, a cada ojo, una información diferente, lo que da la sensación de profundidad que caracteriza a este tipo de emisiones.

Ésta es la última expresión del cine en tres dimensiones que, al igual que el resto de técnicas cinematográficas, ha experimentado una notable evolución en los últimos años.

Concretamente, la historia del 3D empezó a escribirse en torno a 1890, cuando el fotógrafo William Friese-Green empezó a trabajar con la visión estereoscópica.

Cuando empezamos a oír hablar de 3D, todos uníamos el concepto a aquellas gafas de colores que eran indispensables para poder apreciar la profundidad en las imágenes. Y parece que en esta idea nos habíamos quedado atascados.

Por ello, quizás el salto más evidente de la evolución en esta industria sea la tecnología que se ha desarrollado para hacer que estas gafas ya no sean necesarias.

El papel que cumplían las lentes era que, con ellas puestas, cada ojo veía una parte de la película, consiguiendo así la sensación en tres dimensiones.

El modelo se fue perfeccionando y se crearon gafas que tenían una polarización vertical en un ojo y horizontal en el otro, con lo que se lograba un efecto más potente que el que se conseguía con los colores. No obstante, la técnica no era demasiado cómoda para los espectadores, de manera que se siguió trabajando en otra fórmula mejor.

Autoestereoscopia

Esta solución vendría de la mano de la autoestereoscopia, un invento de Christoph Grossmann con el que se ha puesto fin al engorro de las gafas, porque consigue que la pantalla transmita esa sensación de formar parte de la película sin necesidad de que el espectador utilice ningún elemento extra.

Todavía queda mucho por hacer y la industria sigue trabajando en perfeccionar las técnicas y producir filmes de este tipo. Al público parece que le interesa el modelo, de ahí que cada vez haya más salas dotadas con la tecnología necesaria para la emisión en 3D y se presenten en el mercado nuevas películas, cada vez más espectaculares, capaces de introducir a los espectadores en el corazón de sus historias.