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| De profesión: informático |
| INNOVA SANTANDER | Domingo, 11 de Octubre de 2009 | |||
La inserción tecnológica en nuestra sociedad ha provocado que en prácticamente todos los hogares, empresas e instituciones haya equipos informáticos y se utilice Internet. La repercusión esta situación es que la instalación, mantenimiento y desarrollo de todos estos soportes ha incentivado el crecimiento del grupo de profesionales que se dedican a esta ocupación. La cantidad de áreas en las que utilizan hoy en día las Nuevas Tecnologías ha permitido la diversificación y especialización de este mercado laboral, de tal manera que las salidas profesionales de los informáticos son bastante variadas. Son necesarios para crear páginas web, para instalar las más complejas redes de comunicación, para arreglar los fallos en los equipos que el resto de mortales no entiende... Y un largo etcétera. Todos estamos de acuerdo en que sus servicios se requieren para muchas de las acciones que llevamos a cabo a diario, por lo que, dada la constante evolución en la tecnología, se presenta como un sector con un futuro alentador y parece que tiene el trabajo asegurado para sus profesionales. Entonces, ¿por qué hay tantos informáticos desencantados con su sector? La razón se encuentra en la burocracia legislativa. Actualmente, existen ciertas lagunas de calado en la forma en que está planteada la profesión. Pero para entender la situación actual en la que se encuentra, hay que empezar por explicar cómo funciona el sistema que vincula la formación con el trabajo. Cualificación profesional El Ministerio de Educación elabora periódicamente un listado en el que se recogen las ocupaciones laborales para las que están capacitados los estudiantes de un determinado programa formativo. Así, establece distinciones para quienes han adquirido su formación a través de un ciclo de formación profesional o de una titulación universitaria, por ejemplo. Partiendo de este documento laboral, se entiende que una persona con determinados estudios está oficialmente preparada para desempeñar una serie de tareas, las cuales, sin el listado, se encontrarían con un vacío profesional. Es decir, no estaría regulado quién puede y quién no puede realizarlas. No se sabría para qué están cualificados dichos estudiantes. Y precisamente es en este punto donde se encuentra el colectivo de informáticos que se han formado a través de una carrera universitaria. Son ingenieros en una materia para la que no tienen asignada ninguna función. No obstante, el Ministerio de Educación sí dispone de esta lista de atribuciones profesionales para quienes han realizado ciclos de formación profesional de Grado Medio y Superior. Por eso es más difícil entender lo que ocurre con los universitarios. Ellos tampoco lo comprenden y sus demandas en torno a una regulación de sus atribuciones laborales cobran cada vez más fuerza. De hecho, existen hasta organizaciones creadas únicamente para este fin.
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