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| A.G. POLAVIEJA | Domingo, 20 de Diciembre de 2009 | |||
La actual situación económica, caracterizada por la restricción del consumo y la caída de la demanda como consecuencia del aumento del paro y de la debilidad de las economías familiares, está teniendo un impacto importante en muchos sectores de la economía española. Entre ellos destacan aquellos servicios que no son de primera necesidad, pero que, sin embargo, tienen tradicionalmente un volumen de negocio considerable, y que además representan a un colectivo de trabajadores muy numeroso, como es el caso del sector del taxi. Éste se enfrenta a una difícil situación que llega motivada por muy diversos factores. Partiendo de la disminución de la demanda de servicios y la consecuente rebaja de ingresos a fin de mes, los taxistas españoles deben hacer frente a los costes de mantenimiento y de abastecimiento de combustible del vehículo en un contexto de pérdida de poder adquisitivo, así como al aumento de la competencia desleal, materializada en el incremento de conductores que ejercen sin licencia. Asimismo, el sector del taxi se enfrenta a una paulatina reestructuración tanto en el ámbito legal como en lo referente a la sostenibilidad de su actividad. Ante esta situación, ha surgido toda una serie de iniciativas destinadas a revalorizar y publicitar sus servicios, como elemento minimizador de la mala época que atraviesa el sector. Vacas flacas En líneas generales, el sector del taxi atraviesa una época un tanto convulsa provocada tanto por el actual contexto económico como por la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos y sus características. En lo referente a la actual circunstancia económica, el sector de taxi se está viendo afectado a través de muy diversas vías. La más evidente es la importante caída de la demanda registrada en los últimos meses, producida en gran medida por el ajuste del gasto de los usuarios, que están apostando por hacer un mayor uso de los servicios de transporte público en detrimento del servicio de taxis. Ello se debe no sólo a la caída de la demanda de los particulares, sino también al descenso de servicios demandados por las empresas, que han reducido de forma drástica el uso de taxis entre sus empleados. Como consecuencia de todo ello, hoy en día es común encontrar las paradas de taxis repletas de coches que aguardan la llegada de clientes durante horas. Paradójicamente, los efectos de la crisis están afectando al sector también en lo referente al número de personas que recurren al mundo del taxi como refugio ante la crisis y la escasez de empleos propia de otros sectores, lo que está provocando un exceso de profesionales y la disminución de los ingresos que éstos consiguen. Profesionales del sector apuntan tanto al descenso de la demanda de servicios como al aumento del número de conductores como principales causas del momento que atraviesa el sector. Pese a todo, la actual situación económica también ha tenido ciertos impactos de carácter positivo. De hecho, uno de los principales caballos de batalla del sector del taxi ha sido el precio de los carburantes, que durante años ha mantenido en vilo ha sus profesionales. Gracias a la crisis y a la caída generalizada de precios experimentada en todos los ámbitos, la presión inflacionista sobre los precios del petróleo y sus derivados ha quedado prácticamente contrarrestada, lo que ha supuesto un alivio importante para las cuentas de este tipo de autónomos. En la misma medida, y aunque el descenso de precios se ha dejado sentir en menor medida, los mercados aledaños al sector del taxi -producción y mantenimiento de vehículos, recambios y reparaciones, fabricantes e instaladores de taxímetros, etc.- también se han convertido en una de las pocas buenas noticias que ha conocido este sector en el último año. Intrusismo Uno de los grandes males que venía sufriendo el sector del taxi durante los últimos años ha sido la creciente presencia del intrusismo entre sus filas. Los llamados vehículos piratas se han convertido en una realidad cotidiana para este colectivo de autónomos, que ha visto cómo con la crisis el número de competidores ilegales aumentaba sustancialmente. La causa principal de esta situación tiene como eje la competencia desleal que ejerce personal no profesional en centros hosteleros y en los principales núcleos de comunicación, como estaciones y aeropuertos. Otro de los apartados conflictivos en lo referente al intrusismo ha tenido como protagonista el desarrollo de servicios de alquiler de vehículos con conductor (VTC). En este caso, la polémica tiene carácter legal, puesto que mientras que los taxistas desarrollan su labor en la comunidad en la que están residenciadas sus licencias, este nuevo tipo de servicios no se ven sujetos a dicha legislación e incurren, así lo denuncian desde la Confederación Nacional del Taxi, en una competencia que no sólo perjudica seriamente a los taxistas, sino también a los usuarios. En este sentido, a la Comisión Nacional del Taxi no le faltan argumentos: desarrollan su labor fuera de los límites de las comunidades autónomas, cobran por plazas a los viajeros, carecen del número de conductores estipulados por la legislación para el número de horas que trabajan y, en un sentido general, incumplen gran parte de la normativa laboral del sector. Para los autónomos del sector del taxi una de las principales causas de esta situación de creciente intrusismo es la pasividad de las autoridades comunitarias. A juicio de los profesionales, éstas han permanecido pasivas durante años ante una dinámica que cada día ganaba más fuerza y que, con el estallido de la crisis, se ha convertido en un asunto capital no ya para el correcto funcionamiento del sector, sino para su supervivencia tal y como la conocemos hoy en día. Sirva de ejemplo la polémica suscitada por la llamada Ley Ómnibus, una ley diseñada inicialmente para impulsar la creación de empresas, la competencia y la internacionalización de las pymes en el sector servicios -que representa el 66% del PIB español-, y que ha desembocado en protestas masivas desde el sector del taxi, que considera que dicha ley sólo va a suponer la desprofesionalización del servicio. Taxis en el s.XXI Pese a la crisis y a las difíciles circunstancias que atraviesa el colectivo de profesionales del taxi, lo cierto es que el sector ha tratado de renovarse y de adaptar su actividad a las nuevas circunstancias sociales existentes. A grandes rasgos, los puntos de evolución dentro del sector son tres: la seguridad, la innovación y la mejora en el servicio, así como el marco legal en el que se desarrolla la actividad de los taxistas. La importancia de la seguridad como garantía para los propios trabajadores del sector tiene su fundamento en los tristes episodios de violencia sufridos por algunos de ellos, entre los que se incluyen algunos casos de muerte. Por ello, los taxistas han tenido que incorporar en sus vehículos sistemas de seguridad, entre los que destacan las mamparas y los sistemas de referenciación GPS, que permiten tener en todo momento localizado un taxi concreto. Dentro de la mejora e innovación del servicio cabría destacar varios puntos, pero los más importantes hacen referencia al impacto medioambiental del servicio de taxis y a los nuevos valores añadidos que pueden incluirse en el servicio para hacerlo más atractivo. En el primer caso, la implantación de combustibles menos contaminantes y de modelos de bajo perfil de emisiones. En cuanto al valor añadido del servicio, se han desarrollado iniciativas destinadas a personalizarlo, como la aparición de los llamados taxis rosas, exclusivos para el transporte de mujeres y conducidos también únicamente por féminas.
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