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| «Para detectar este trastorno los padres deben prestar especial atención a los comportamientos» |
| LAURA BILBAO | Domingo, 27 de Diciembre de 2009 | |||
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El doctor Carlos San Martín, coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud de Santander, explica cómo detectar esta enfermedad, así como los motivos por los que se produce. - ¿Cómo surge esta fobia? - La causa general del miedo a la risa ajena a menudo está asociado a diferentes experiencias traumáticas, que tiene que ver con la sensación de haber hecho el ridículo o haber sido ridiculizado durante la infancia o la adolescencia. Durante estas etapas de la vida los jóvenes están formando aún su personalidad, de ahí que se encuentren en una fase muy sensible a cualquier reacción de los demás ante sus actos. Su identidad y autoestima depende en buena medida de las relaciones que establecen, y las malas experiencias pueden marcar una huella importante difícil de borrar. - ¿De qué manera se puede detectar? - Precisamente porque la fobia se debe sobre todo a momentos vividos durante la infancia, los padres deben prestar especial atención a determinados comportamientos. Privar de atención, cariño o burlarse de los pequeños de modo sarcástico puede llevar a experimentar sentimientos de vergüenza e inferioridad. El sarcasmo es un medio poderoso para castigar o controlar el comportamiento, pero hay menores que son objeto de mofa o ridículo de forma constante, por ello desarrollan un comportamiento defensivo y tímido. También la falta de atención afecta de la misma manera, ya que el menor no percibe si sus actuaciones son correctas o no, y eso le genera inseguridad social en su vida adulta al no haber aprendido unas adecuadas habilidades sociales. Humillar, ridiculizar y desinteresarse por los intentos de aprendizaje social de los niños y adolescentes acaba por generar una excesiva atención a la reacción de los demás. Por ello, las risas ajenas son tan importantes que incluso se pueden desarrollar sentimientos de autorreferencia, vinculados a la gelotofobia. La persona que lo padece cree que es el centro de atención y que todos están pendientes de ella, angustiándose ante cualquier situación social.
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