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| La cara menos amable de la risa |
| :: LAURA BILBAO | Domingo, 27 de Diciembre de 2009 | |||
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A pesar de que reírse es una acción considerada popularmente como saludable, en determinadas personas puede ocasionar una extraña fobia. La conocida como gelotofobia surge por un excesivo miedo a que los demás se rían de uno mismo. Se trata de personas que desarrollan una especial sensibilidad al ridículo motivado por las risas ajenas. El problema es que las personas afectadas llegan a considerar que cualquier risa o carcajada que se escuche en su entorno está relacionada con ellas, hasta el punto de que la situación puede provocar síntomas propios de un ataque de ansiedad, como sudoración, mareo y temblores. En qué consiste Tal y como explica el doctor Carlos San Martín, coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud de Santander, el término gelotofobia hace referencia a «un miedo disfuncional e irracional que se activa en cuanto la persona afectada escucha a otra reírse y asocia esta reacción a la convicción de que ha dicho o hecho algo ridículo, de manera que considera el fenómeno como un ataque personal». Aunque el hecho de que los demás se rían de nosotros parezca algo sin importancia y banal, lo cierto es que este trastorno puede ocasionar repercusiones negativas graves en las personas que lo sufren. Cuando éstas escuchan la risa ajena, aparecen síntomas de preocupación y sudoración excesiva. Algunas de las consecuencias más negativas que puede llegar a provocar esta fobia son el aislamiento social y, en algunos casos, la depresión. Además, pueden detectarse otros efectos, tales como el miedo social, la inseguridad, la timidez, la tristeza o la vergüenza. Incluso pueden aparecen posibles síntomas psicosomáticos como rubor, mareo, temblores, problemas del habla o pérdida del conocimiento. Las personas más susceptibles llegan a sufrir ansiedad, por lo que evitan determinadas situaciones que consideran vergonzosas. Consecuentemente, su vida social se puede ver perjudicada al aislarse del resto. En cuanto al tipo de personas más propensas a experimentar esta fobia, San Martín identifica principalmente a los jóvenes y especialmente a los adolescentes, «que viven una etapa delicada en la que hay tendencia a sufrir inseguridad, timidez, y sobre todo, miedo al rechazo». La consecuencia es, explica, «que estas sensaciones se mantienen en el tiempo y se exageran hasta generar un miedo irracional muy intenso a mantener relaciones sociales y al contacto con desconocidos». Investigación Actualmente, apenas existe un claro conocimiento de este nuevo trastorno, excepto que se le considera una fobia extraña y desconocida. Recientemente se ha llevado a cabo un estudio para encontrar un modo válido de evaluar el miedo a la risa ajena en diferentes culturas. Esta investigación ha estado respaldada por profesionales de 73 países diferentes, coordinados por la Universidad de Zurich en Suiza. Según los resultados, la gelotofobia afecta al 2% de la población mundial, sobre todo a los adolescentes. A través de esta investigación se ha averiguado que este fenómeno se repite en todas las culturas. Pero también destaca la existencia de ciertas diferencias interculturales. Por ejemplo, los habitantes de Camboya y Turkmenistán experimentan, en su mayoría, reacciones de inseguridad. Por otro lado, en Irak, Egipto y Jordania se evitan situaciones en las que se fomente la risa ajena. En España, curiosamente, se tiende hacia el polo de la inseguridad y la población finlandesa es la que menos cree que si alguien se ríe en su presencia es por motivos de burla. Cabe destacar que también existe la otra cara de esta enfermedad, es decir, la de aquellas personas que disfrutan mientras los demás se ríen de ellos. Este trastorno se conoce como gelotofilia. Claves de evitación Para el psicólogo cántabro, «la mejor manera de corregir este trastorno es acudir a un psicólogo o psicoterapeuta si ya se está convirtiendo en un problema que limita o invalida desde el punto de vista social o personal». El abordaje terapéutico, explica, «se suele realizar de forma progresiva para que la persona con la fobia se vaya enfrentando paulatinamente a su miedo, con numerosos recursos que el terapeuta le enseña». En estos casos ya es necesaria una intervención de este tipo, pero antes es preciso estar muy atento a los posibles síntomas, porque como en todas las fobias, se tiende a evitar el problema para mantenerse fuera de peligro, pero esta actitud no hace sino reforzar la enfermedad. Puesto que es un trastorno que surge principalmente entre los jóvenes y adolescentes, es importante que los padres adopten una serie de medidas que ayuden a evitar que se produzca. Un buen ejemplo es evitar la humillación como forma de castigo. Este tipo de reglas, como privarles de atención, cariño o burlarse de ellos, pueden acarrear sentimientos de inferioridad.
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