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| ESPECULACIÓN |
| IGNACIO MARCO-GARDOQUI | Domingo, 31 de Enero de 2010 | |||
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Tal y como van las cosas, corremos serio riesgo de volver a las andadas. No sé si lo recuerdan, pero justo a finales de la época de bonanza inmediatamente precedente a la crisis actual se produjo un fenómeno pernicioso. Las inversiones más 'habituales', como son las inmobiliarias y las bursátiles ofrecían escasas perspectivas de rentabilidad, una vez que los activos involucrados, pisos, terrenos y acciones, habían alcanzado unos precios desorbitados. Aunque la fiesta parecía carecer de final, la sospecha de que se habían terminado los réditos extraordinarios parecía, de entre todas, la más verosímil. ¿Dónde buscar entonces nuevas emociones? ¿Qué activos ofrecían esperanzas de rentabilidad aceptables? La respuesta apareció enseguida en forma de materias primas. Estas son, por definición, tan necesarias como escasas y su futuro se presentaba esplendoroso en un mundo en expansión ilimitada, con unos países emergentes ávidos de todas ellas para calmar su sed de crecimiento. Inmediatamente, la especulación más ágil, acogida en los famosos y temidos 'hedges funds', colocaron ingentes cantidades de dinero en los mercados de materias primas. Presionados por una demanda tan grande e inesperada, los precios de las materias primas iniciaron una loca carrera hacia las alturas. Así, vimos al petróleo aupado en los 140 dólares y al oro, el níquel, el cobre, etc, imitando el proceso. Como no podía ser de otro modo, estas subidas castigaron duramente a la inflación y, alarmados por ello, los bancos centrales abandonaron su laxitud monetaria y retocaron al alza los tipos de interés. Lo cual, y una vez desatada ya la crisis, ayudó a su expansión y aumentó su intensidad. Además, para nada. La política monetaria restrictiva, los tipos altos de interés, son muy eficaces para luchar contra la inflación, pero solo cuando ésta tiene su origen en los excesos de demanda. Por el contrario, cuando el desboque de los precios procede de los aumentos previos de los costes, -como era el caso-, sirven para poco y agravan más problemas de los que alivian. ¿Estamos en la misma situación? Todavía es pronto para determinar en qué medida las recientes subidas de algunas materias primas, y en especial del petróleo, responden al incipiente renacer de las economías emergentes o la inmutable voracidad de la especulación. Por si acaso, ahora que han renacido las ansias reguladoras se podría buscar alguna fórmula que identificase las operaciones financieras sobre materias primas no vinculadas a necesidades físicas industriales y castigarlas. Sería una buena opción. Evitaríamos las subidas meramente especulativas, sin provocar daños en el funcionamiento habitual de los mercados.
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