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CANTABRIA EMPRENDE
Trabajo en red para vencer al cáncer
patricia_delgado@innovacantabria.com | Domingo, 14 de Febrero de 2010

                    El estudio analizará los casos de cerca de trece mil personas de toda España para establecer las circunstancias ambientales y genéticas que influyen en el desarrollo de esta enfermedad. ::
                         INNOVA
El estudio analizará los casos de cerca de trece mil personas de toda España para establecer las circunstancias ambientales y genéticas que influyen en el desarrollo de esta enfermedad. :: INNOVA

El cáncer se ha convertido en una de las enfermedades con más alto nivel de incidencia en nuestra sociedad. Sólo en España, se detectan 16.000 nuevos casos de cáncer de mama cada año y 13.000 de próstata. Estos dos tipos son, además, el primero y el segundo más frecuentes entre mujeres y hombres de nuestro país. Por otra parte, el cáncer colorrectal es el segundo que más se detecta entre las mujeres españolas y el tercero entre los varones. Asimismo, la localización de esta enfermedad en el estómago es la segunda que más afecta a los hombres y la quinta entre las mujeres. En este caso, además, se aprecia que sigue una peculiar distribución geográfica, con una aparición mayor en algunos municipios de Casilla León.

Todos estos datos ilustran la importancia que tiene que el tejido investigador de nuestro país dedique recursos y esfuerzos a luchar contra el desarrollo de esta enfermedad.

Y para poder hacerla frente de manera eficaz, es vital conocer cómo funciona y qué factores influyen en su aparición.

En esta línea de investigación trabaja actualmente el Grupo de Epidermiología de la Universidad de Cantabria, que coordina un proyecto de carácter nacional para identificar las causas genéticas y ambientales que influyen en los cuatro tipos de cáncer citados.

La elección de los mismos, tal y como explica el responsable de este equipo de trabajo cántabro, Francisco Javier Llorca, está vinculada «a la frecuencia con la que aparecen en nuestro país».

La esencia de la iniciativa que está en marcha es averiguar a qué factores estuvieron expuestos los enfermos de cáncer en las décadas anteriores a que fueran diagnosticados y compararlos con la exposición que tuvieron personas de la misma edad que no desarrollaron la afección.

Metodología

Con este objetivo en perspectiva, los grupos de investigación integrados en el proyecto entrevistarán a cerca de 13.000 personas de toda España, unas 1.300 de nuestra comunidad autónoma.

En estos encuentros, se planteará un cuestionario para recoger información sobre la zona de residencia, actividad laboral, medicamentos, enfermedades anteriores o alimentación de cada participante y, si lo autorizan, se recogerán muestras de sangre, orina, pelo y uñas.

«Esperamos que esta fase de documentación dure aproximadamente un año y medio. Después, analizaremos los datos y esperamos que pueda estar dando resultados importantes en siete u ocho años», establece Llorca.

Respecto a qué aplicaciones pueden derivarse de este estudio, el responsable del Grupo de Epidermiología de la UC destaca principalmente la prevención, «si identificáramos que un contaminante industrial está asociado a la aparición de un tipo de cáncer, podríamos modificar las normas de fabricación o de eliminación de residuos».

En el caso de causas genéticas, si se probara que quienes poseen un determinado gen son más susceptibles a padecer esta enfermedad, sería posible detectar qué personas necesitan mayor protección.

Pero para llegar a este punto todavía queda mucho trabajo por hacer, el proyecto está comenzando y, de momento, lo que prima son las hipótesis y las perspectivas que tiene el equipo de investigación, las cuales permitirán, más adelante, dar un sentido a los resultados.

Supuestos de partida

«Quizás la hipótesis más importante con la que trabajamos es la de los disruptores endocrinos», expone el responsable del grupo cántabro.

Esto quiere decir que si, por ejemplo, en los cánceres de mama y próstata influyen las hormonas, se quiere determinar sin también inciden sustancias presentes en el ambiente, a las que se denominan disruptores endocrinos porque alteran el funcionamiento hormonal.

Entre estas sustancias, destaca el investigador de la UC, «se encuentran los compuestos orgánicos persistentes, que derivan de la actividad industrial o de los insecticidas y permanecen de forma prolongada en el ambiente. Estos compuestos, en el hombre, se acumulan en el tejido graso».

El valor de estudiar este factor radica en que en España no se conoce la importancia que tienen estos actores. De momento, sólo se han realizado estudios en Cataluña y Canarias, que han mostrado que estos agentes «se acumulan en personas de más edad, obesos y en las mujeres», explica Llorca.

Además de esta variable, el proyecto en marcha pretende medir la exposición a metales pesados, vertidos industriales y hormonas que puedan estar presentes en medicamentos o alimentos.

En cuanto a los factores genéticos «en los últimos años se ha avanzado mucho, pero todavía queda mucho por conocer. Por ejemplo, en el cáncer de mama se han identificado algunos genes, pero parecen causar menos del diez por ciento de los casos», argumenta el investigador cántabro.

Un año de bagaje

Este proyecto se ha venido desarrollando durante 2009 en el marco del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidermiología y Salud Pública, Ciber, del que es integrante el grupo de la UC y el resto de participantes de la investigación.

En sus orígenes, el proyecto estuvo encabezado por Manolis Kogevinas, del Centro de Investigación en Epidermiología Ambiental de Barcelona, y Marina Pollán, del Centro Nacional de Epidermiología de Madrid, «los dos mejores investigadores de esta área que hay en España», asegura Llorca.

En esta fase, se diseñó un protocolo inicial y se recogió información en Madrid, Barcelona, Murcia, Asturias, Guipúzcoa, Navarra y Valladolid.

«El trabajo es excelente -alaba el investigador cántabro-, pero tiene dos inconvenientes, no tiene suficientes pacientes y le falta variedad geográfica».

Para estudiar los factores ambientales, esta última cuestión es fundamental, pues es necesario contar con pacientes que procedan de todas las regiones. Por este motivo, «este año nos incorporamos con un proyecto multicéntrico encabezado por el grupo de la Universidad de Cantabria, junto con grupos de León, Granada, Valencia y Huelva», expone Llorca.

El desarrollo de la iniciativa cuenta con un presupuesto de 80.000 euros para Cantabria y otros 140.000 para los otros cuatro nodos. Una cuantía que procede del Instituto de Salud Carlos III.