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Un cambio en el día a día vacuno
saray_ceballos@innovacantabria.com SARAY CEBALLOS | Domingo, 21 de Febrero de 2010

                    Durante el proceso de ordeño, un brazo robótico localiza las ubres y acerca las pezoneras para realizar un ordeño de manera simultánea pero individual en cada una de ellas.  ::
                         BORJA URÍA
Durante el proceso de ordeño, un brazo robótico localiza las ubres y acerca las pezoneras para realizar un ordeño de manera simultánea pero individual en cada una de ellas. :: BORJA URÍA

La innovación está abriéndose camino en distintos sectores de la sociedad, incluido el ganadero. La cuota láctea en Cantabria se situó en el año 2009, según datos del Instituto Cántabro de Estadística, en 402.280 litros de leche recogida, mediante distintos sistemas, en las ganaderías de la región. En concreto, aproximadamente una docena de ellas han dado un giro en el proceso de ordeño, abriendo sus puertas a los sistemas robotizados.

El proceso de modernización de una granja a través de estos sistemas hace que estas instalaciones evolucionen propiciando que se produzca una mayor cantidad de leche por unidad de trabajo.

Actualmente, existen distintas casas que venden este tipo de robots, cada uno con sus características particulares, pero todo ellos con un objetivo en común: aumentar la productividad de leche mirando por el confort y el bienestar del animal.

Optimización

Todos los sistemas robotizados basan su funcionamiento en la libre circulación del ganado. Esto permite que sean las propias reses las que decidan cuándo entrar al box de ordeño, es decir, pueden circular por un espacio abierto, lo que aumenta su bienestar y comodidad.

De esta forma, el animal entra a esta zona para comer una parte de su ración diaria de concentrado, aspecto que, ya de por sí, supone un beneficio económico para el ganadero. La cantidad de alimento dispensado aquí esta proporcionalmente relacionada con la leche que genera cada vaca, por lo que se proporciona una mayor cantidad a aquellos animales que más producen. Así, se reporta una optimización de la ración generando un incremento en la producción de la leche.

En esta misma línea, también la monitorización a la que el robot somete a las reses permite un mejor aprovechamiento de los recursos. Información sobre las horas que dedica cada una de las reses a rumiar o sobre la velocidad a la que andan, facilita a los ganaderos datos fiables que les permiten manejar un mayor número de animales con menos gente contratada.

Este control sobre los animales ofrece, además, una seguridad alimentaria, ya que es el propio robot quien decide si la calidad de la leche es apta para consumir o no. Monitorizar a las vacas permite tener en todo momento controlada la calidad de la leche durante la extracción. Para ello, cuenta con un sistema de infrarrojos que comprueba el color y la conductividad eléctrica de la leche.

A medida que se va sacando de la ubre, el robot la analiza y si por alguna razón, por ejemplo, una infección en el animal, no está estandarizada en alguno de estos dos factores (color o conductividad), el propio robot la desvía a una zona diferente a los tanques de recepción.

Proceso de producción

Cuando las vacas deciden entrar al box de ordeño, se sitúan sobre una báscula donde, a través de un collar con un chip incorporado, se identifica al animal y se controla su gravedad para conocer su ubicación así como todos sus datos (historial de producción, edad, peso, etc.).

La higiene es un aspecto fundamental para conseguir unos niveles elevados de calidad y producción por lo que mediante un brazo movido por un sistema de aire comprimido el primer paso que el robot realiza es localizar las ubres y proceder a su limpieza y desinfectado mediante unos pequeños rodillos o una copa especial de lavado (dependiendo del modelo robótico) que, además, estimula al animal para la producción de leche.

Una vez concluido el saneado, da comienzo la fase de ordeño. El brazo acerca las pezoneras a la localización exacta de las ubres acoplándose a la perfección a cada una de ellas. El ordeño se hace de forma simultánea en cada pezón, aunque de manera independiente, ajustando la velocidad de extracción a las características de la vaca.

Una vez obtenida la leche, es transportada al tanque de recepción donde se almacena a baja temperatura y, de allí, al proceso de pasteurización realizado a 73 grados, para volver a pasar, inmediatamente, a tres grados de temperatura. Finalmente, la leche es introducida en el camión frigorífico para su comercialización.