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Baco también hace turismo por Cantabria
saray_ceballos@innovacantabria.com SARAY CEBALLOS | Domingo, 28 de Febrero de 2010
                    El potencial vinícola de la región en agosto de 2009 era de 132 hectáreas, frente a las 126 de julio del año anterior. ::
CARLOS RECIO
El potencial vinícola de la región en agosto de 2009 era de 132 hectáreas, frente a las 126 de julio del año anterior. :: CARLOS RECIO

 

 

Cuenta la leyenda que un rey persa mandó recoger las uvas del viñedo real y guardarlas dentro de una vasija en una habitación del palacio. Pasado un tiempo, las uvas fermentaron y, pensando que era veneno, debido a su olor, una de sus cortesanas decidió suicidarse tomando un trago de ese jugo. Cuando el rey se enteró, fue a la habitación a buscarla encontrándose a la joven bailando y llena de alegría.

Se dice que así nació el vino, por casualidad. Una bebida que, muchos miles de años más tarde, se ha convertido en elemento indispensable para algunos turistas a la hora de elegir su destino vacacional.

El enoturismo ha estado ligado durante mucho tiempo a lugares como La Rioja o Jerez. Sin embargo, poco a poco, Cantabria también se está abriendo paso en el mundo de turismo del vino.

Cantabria con potencial

El enoturismo es un nuevo concepto de viajar en el que el centro de interés es el vino y cuyo fundamento es aprovechar al máximo los recursos y servicios que ofrece una zona vitivinícola.

El turismo del vino está destinado, por tanto, a aquellos amantes de esta bebida, pero también, a los apasionados del mundo rural, de la tranquilidad y sosiego de estas zonas.

Así, las visitas a las bodegas y viñedos para conocer de primera mano las distintas metodologías que existen para elaborar el vino se funden con otras relacionadas con las comodidades que ofrece el entorno: restaurantes con una buena gastronomía, hoteles agradables y con encanto y actividades deportivas de distintas clase. Todo ello acompañado de un bonito paisaje que embellece todo lo demás.

En este sentido, Philippe Cesco y Carlos Regio, propietarios de la vinoteca La Ruta del Vino y de la bodega Casona Micaela, respectivamente, coinciden a la hora de señalar que Cantabria cuenta con un gran potencial para convertirse en un destino enoturístico.

Para Cesco, el paisaje con el que cuenta la región, el entorno de los territorios vitivinícolas, como es Liébana, «que se junte lo bonito con lo agradable», señala, es un punto a favor a la hora de ofrecer paquetes turísticos de esta clase en Cantabria.

El problema reside en lo novedoso que es este arte en la región. Para poder aparecer como destino enoturístico, primero, hay que tener algo que ofrecer y, en palabras de Cesco, «todavía no lo tenemos».

«No hay tradición», corrobora Recio, «no se nos conoce como una región vitivinícola porque estamos empezando».

Perfil enoturístico

A pesar de la inmadurez de Cantabria en este ámbito, existen bodegas que abren sus puertas a visitantes como es el caso de Casona Micaela o Compañía Lebaniega de Vinos y Licores, elaboradora del vino tinto Picos de Cabariezo.

Lo hacen a unos enoturistas que, según Cesco, tienen un perfil bastante definido. «Se trata de una persona entre 25 y 40 años, normalmente con un nivel económico medio o medio-alto». Es gente culta, según el francés, que tiene una predilección especial por la historia, la arquitectura y otros aspectos que no se ciñen específicamente al vino. «Su interés es conocer estas zonas más en profundidad», asevera.

Vino regional

La Comunidad Autónoma de Cantabria destaca por la producción de artículos relacionados, por ejemplo, con la ganadería y la agricultura, pero no por el vino. Sin embargo, poco a poco se está subiendo al carro de la viniticultura.

En concreto, según datos de la Consejería de Desarrollo Rura, Ganadería, Pesca y Biodiversidad, este año se han sacado adelante en la región 125.349 litros de vino correspondientes a la cosecha de 2009, una cantidad que se comercializará en, aproximadamente, 170.000 botellas de vino de 750 centilitros.

Son datos que contrastan con los 95.000 litros de vino que se comercializaron en 2008 y que demuestran que esta actividad está avanzando de manera progresiva.

Esta afirmación viene avalada también por el potencial vitivinícola de Cantabria que, en agosto de 2009, era de 132 hectáreas, frente a las 126 de julio del año anterior, aumentando la superficie plantada de 87,15 hectáreas de 2008 a 99,90 de 2009 (un 14,6 %).

Un potencial que ya se está plasmando en las dos las denominaciones de origen con las que cuenta la región. Vinos de la Tierra de Liébana abarca dos tintos (Picos de Cabariezo y Lusía), en un total de 61,1 hectáreas. Se trata de dos bodegas que comenzaron su andadura con la cosecha de 2006 y que, tres años más tarde, han conseguido una producción de 48.812 litros.

Por otro lado, Vinos de la Tierra Costa de Cantabria ha obtenido una producción de 76.538 litros de vino a través de unos viñedos que ocupan 37,7 hectáreas. Esta denominación engloba cinco vinos blancos (Casona Micaela, Lancina, Ribera del Asón, Tejea Verde y Carrales de Cayón).

Aspectos como la climatología o la tradición vitivinícola de estas dos zonas hacen que su producción y su vino sean diferentes, aunque «de calidad», señala Recio.

Sin embargo, sólo el tiempo dirá si Cantabria podrá llegar a convertirse en un buen destino enoturístico.