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| INNOVA SANTANDER | Domingo, 28 de Junio de 2009 | |||
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Cuando los ciudadanos piensan en sectores con riesgo de exclusión laboral, probablementes se les venga a la cabeza todas aquellas personas que cuentan con algún tipo de discapacidad. En Cantabria, 37.500 personas de seis o más años, o lo que es lo mismo, el 7% de la población, se encontraba en esta situación el año pasado. Son datos de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia (EDAD) del año 2008 que sitúan a Cantabria como la segunda comunidad autónoma con menor número de personas con discapacidad, por delante, únicamente, de La Rioja. Inserción laboral Pero la lucha contra esta exclusión laboral es constante por parte de los distintos sectores sociales. El artículo 38 de la Ley 13/1982 establece la obligación de las empresas, tanto públicas como privadas, que tengan más de 50 trabajadores en su plantilla, a que, al menos, un 2% de sus empleados sean personas con discapacidad. Sin embargo, no sólo se limita a una clausula, sino que, de acuerdo con esta ley, la finalidad de las políticas de empleo en Cantabria dirigidas a las personas trabajadoras con alguna discapacidad debe ser su integración, en condiciones que garanticen la igualdad en el trato. Con este fin, la región cuenta con centros especiales de empleo, un medio de integración del mayor número posible de personas con discapacidad al régimen de trabajo normal.. Su objetivo principal es el de realizar trabajo productivo, asegurando un empleo remunerado y la prestación de servicios de ajuste personal y social que requieran sus trabajadores discapacitados. En este caso, el artículo 38 se queda corto ya que la plantilla de los centros especiales de empleo deben estar constituida por el mayor número de personas trabajadoras con discapacidad que permita la naturaleza del proceso productivo o, en todo caso, por el 70%. Junto a ellos, trabaja personal sin discapacidad dedicado a la prestación de servicios de ajuste personal y social como los de rehabilitación, terapéuticos, de integración social, culturales y deportivos. Un paso más Pero la vida laboral de muchas de estas personas no se limita a los centros especiales de empleo sino que, en bastantes ocasiones, se produce un tránsito del empleo protegido al empleo en el mercado de trabajo ordinario. Para favorecer este paso se ha puesto en marcha dos programas concretos: empleo con apoyo y enclaves laborales. El primero de ellos consiste en un conjunto de actividades de orientación y acompañamiento de manera individual que prestan, en el propio puesto de trabajo, preparadores laborales especializados. Los destinatarios de este apoyo son aquellos empleados con discapacidadd que cuentan con especiales dificultades de inserción laboral y que realizan su actividad en empresas normalizadas, del mercado ordinario de trabajo, en condiciones similares al resto de los miembros de la plantilla que desempeñan puestos similares. Entre las acciones planteadas se encuentra la elaboración de un programa de adaptación del trabajador en cuestión a su puesto de trabajo. Además, se llevan a cabo labores de acercamiento y mutua ayuda entre la persona empleada y beneficiaria del programa, el empleador y el personal de la empresa que comparta tareas con ella. Pero no todo se limita a un buen desarrollo del trabajo sino que la insección social también es tratada en este programa a través del apoyo al trabajador en el desarrollo de habilidades sociales y comunitarias que le permiten relacionarse con el entorno laboral en las mejores condiciones posibles. El segundo de los programas establecido son los enclaves laborales. Se configuran como una subcontratación de obras o servicios entre un centro especial de empleo y una empresa ordinaria. Pero este acuerdo se acompaña de determinadas cautelas y garantías ligadas al colectivo al que se dirige que refuerzan el régimen jurídico general de la subcontratación. Su objetivo es lograr la mayor integración de los trabajadores discapacitados con especiales dificultades en el mercado laboral ordinario. Para ellos, estos enclaves son una medida de utilidad para facilitar la transición del empleo protegido al empleo ordinario ya que les permite completar y mejorar su experiencia laboral con tareas y un entorno propio del mercado ordinario. Por su parte, la empresa colaboradora puede conocer mejor las capacidades y posibilidades de estas personas, lo que puede conducir finalmente a que se decidan a incorporarlos a su plantilla lo que le propiciará, además, una serie de ayudas. En el mercado laboral Son varias las medidas establecidas desde el Servicio Cántabro de Empleo para fomentar el empleo de las personas con discapacidad en el mercado ordinario de trabajo. A través de diversas líneas de ayudas, tanto a nivel nacional como autonómico, las admisnitraciones públicas buscan introducir a los discapacitados en el mundo laboral como otra persona cualquiera. De esta forma, se subvencionan aspectos tan diversos como la realización de contratos indefinido o el tránsito de uno temporal a uno indefinido, la adaptación a puestos de trabajo o el pago de los costes laborales y de la Seguridad Social que conlleva la implantación del programa de empleo con apoyo. Además, de manera transversal, muchas líneas de subvenciones, como por ejemplo las destinadas a contratación, recogen un incremento de la cuantía a conceder en el caso de que la persona trabajadora, que determina la concesión de la ayuda, tenga algún tipo de discapacidad. Junto a esto, el Servicio Cántabro de Empleo cuenta también con programas autonómicos de formación para empleos específicos, en virtud de los cuales se realizan itinerarios integrados de inserción dirigidos a personas con discapacidad. En el caso del empleo público, la realización de unas oposiciones son una alternativa para aquellas personas con algún tipo de discapacidad. Actualmente, por ley, existe un porcentaje concreto de plazas reservadas en cada convocatoria, que asciende a un 5%, aunque el CERMI busca ampliarlo un 2% más que sería destinado personas con discapacidad intelectual.
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