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| A. G. POLAVIEJA SANTANDER | Domingo, 25 de Octubre de 2009 | |||
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Pocos objetos han sido tan determinantes en la configuración de la Historia como los libros. Tanto es así que el nivel de desarrollo y la calidad de vida de cualquier época y comunidad pueden medirse recurriendo a un dato tan sencillo: el número de libros existentes. Pese a lo que se suele decir, el saber sí ocupa lugar y, a medida que las distintas comunidades fueron evolucionando, el número de libros creció y creció hasta precisar de un lugar concreto y específico donde refugiarse. Así surgieron las bibliotecas, cuyo nombre, proveniente del griego, significa precisamente 'caja de libros' o 'lugar donde se guardan libros'. En cualquier caso, ya desde el principio de la Historia, que comenzó precisamente con la aparición del primer sistema de escritura, hizo falta algo más que una caja para contener el creciente volumen de libros que las distintas civilizaciones iban produciendo. Sirvan de muestra el caso de las bibliotecas de Pérgamo y Alejandría, los dos baluartes bíblicos de la Antigüedad. En el caso de la famosa biblioteca de Alejandría, llegó a albergar 700.000 volúmenes antes de ser consumida por el fuego, mientras que la de Pérgamo, más pequeña pero no por ello menos importante, contuvo en su interior la nada despreciable cantidad de entre 200.000 y 300.000 documentos. Teniendo en cuenta que ambas existieron antes de Cristo, se desprende que las bibliotecas han acompañado a la Humanidad desde que ésta comenzó a registrar su propia historia. Las bibliotecas, pues, han sido fiel testigo de la evolución de las sociedades. Durante su larga historia han reflejado cual espejos la mentalidad y la cultura de los hombres. Así, durante la Edad Media, se trasladaron a los monasterios, oasis de luz y conocimiento en medio del oscurantismo propio de la época. Más tarde, con el advenimiento del Renacimiento, las bibliotecas, como el saber y la cultura en general, experimentaron un gran auge en número e importancia: el hombre, que durante el medievo centró su atención en el dogma religioso y en la cultura popular, redescubrió entonces la importancia de un conocimiento que con los años desembocó en la mentalidad de corte materialista y científico imperante hoy en día. Pasado y futuro Aunque en la actualidad las bibliotecas han experimentado cambios importantes, su esencia sigue siendo la misma. Las bibliotecas actuales vuelven a reflejar aspectos fundamentales de la tesitura histórica actual: por un lado, su número -y en algunos casos su tamaño- refleja la potente capacidad productiva de la sociedad moderna; por otro, el volumen y variedad de títulos, temáticas y disciplinas existentes en su interior es expresión del gran salto experimentado por el conocimiento en todas sus ramas. Sirva de ejemplo la Biblioteca del Congreso de Washington (EE.UU.), en la actualidad la más grande del mundo. En ella se guardan más de 30 millones de libros escritos en casi 500 idiomas, así como manuscritos, publicaciones oficiales, prensa, cómics, películas, mapas, partituras, grabados y fotografías, hasta alcanzar un total de 138 millones de documentos. Las bibliotecas modernas, pues, son entes sujetos a una tradición milenaria que, por otra parte, no pueden dejar de verse influenciadas por la constante revolución tecnológica que caracteriza al mundo moderno. Debido a ello, las bibliotecas han sufrido en el último siglo importantes transformaciones y, más recientemente, se han encontrado con dos nuevos actores que tendrán mucho que decir sobre su futuro: las bibliotecas virtuales y los libros electrónicos. Situación en Cantabria Cantabria cuenta en la actualidad con una importante red de bibliotecas de distintos tipos. Entre las municipales, las de los centros de educación primaria y secundaria, las universitarias y las privadas, el número de bibliotecas asciende a cerca de 90. Además, la existencia del Sistema de Lectura Pública, encargado de coordinar y supervisar los servicios de las distintas bibliotecas de carácter público, permite a los lectores cántabros acceder a más de 225.000 volúmenes. Según datos de la Consejería de Cultura, en 2008 había 31 ayuntamientos -que representaban el 82% de la población cántabra- adheridos a este sistema, mientras que otros 32 municipios, representantes del 10% de la población, no participaban en el sistema. El resto de municipios, un total de 39, tampoco lo hacía por no disponer de biblioteca. Calibrar la salud del sistema de bibliotecas de la región no es una tarea sencilla. Más allá de la polémica puesta en marcha de la Biblioteca Central de Cantabria, lo cierto es que si bien el número de bibliotecas cubre perfectamente la demanda de la sociedad cántabra, muchas presentan deficiencias en cuanto a personal, instalaciones y sistemas de gestión.
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