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| Mamá, quiero ser artista pero... licenciado |
| saray_ceballos@innovacantabria.com SARAY CEBALLOS | Domingo, 14 de Febrero de 2010 | |||
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Clásico, moderno, contemporáneo, hip-hop, funky... Son muchas las especialidades en el mundo de la danza y muchos los jóvenes, y no tan jóvenes, que tienen verdadera pasión por ella, pero sólo unos pocos están realmente preparados para conseguir ser profesionales. Porque el baile es una carrera profesional dura de superar. La implantación de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, la Logse, hizo que, por primera vez, se definiera la danza como una enseñanza artística reglada. Una modalidad, considerada de régimen especial en el sistema educativo, que, aunque no tiene carácter obligatorio, busca proporcionar, tal y como se establece en la propia ley, «una formación artística de calidad y garantizar la cualificación de futuros profesionales». Tres grados Actualmente, la enseñanza de danza reglada está dividida en tres grados distintos, enseñanzas elementales, profesionales y superior. Para conseguir el primero de estos tres niveles, Cantabria cuenta con cinco centros autorizados por la Consejería de Educación del Gobierno regional. En ellos, niños con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años se preparan para conseguir este certificado. Durante los cuatro años que dura el grado, los alumnos estudian danza española, danza clásica y música, pero sin necesidad de decidir especialización, paso que se da a la hora de encarar los otros dos ciclos. Cantabria cuenta con un centro autorizado donde superar el grado profesional. Dividida en tres ciclos de dos cursos cada uno, esta categoría puede impartirse entres especialidades: danza clásica, danza contemporánea y danza española. El último de los niveles, el superior, que no se imparte en la región, comprende las vertientes de Pedagogía de la danza y Coreografía y Técnicas de Interpretación de la Danza. En ambos casos, la titulación se cursa en un único ciclo de cuatro años de duración. A diferencia del elemental, para acceder al grado superior es necesario cumplir ciertos requisitos como, por ejemplo, estar en posesión del título de Bachiller y superar una prueba de acceso. Una vez aprobado, se obtiene el título Superior de la especialidad correspondiente, que es equivalente, a todos los efectos, al título de licenciado universitario. Salidas profesionales Al igual que ocurre en el resto de titulaciones, la enseñanza reglada de la danza abre las puertas a un amplio abanico de posibilidades profesionales. Al finalizar estos estudios, son muchas y variadas las salidas que se encuentra el bailarín. La interpretación es una de las más demandadas. Pertenecer a una compañía y ganarse la vida bailando es un sueño perseguido por muchos de los que deciden entrar en este mundo, a pesar de ser una de las elecciones con menor recorrido profesional, ya que la edad de retirada suele rondar los cuarenta o cincuenta años, en función de la especialidad. Esta no es la única opción que presenta la danza. La docencia en conservatorios y escuelas de danza y música y la creación como coreógrafo o director de compañías de baile son otros de los caminos más perseguidos por un titulado en grado superior. Junto a esto, existen otras salidas profesionales a elegir como la investigación o convertirse en crítico de danza. Para todas las edades La edad mínima exigida para entrar al grado elemental es de ocho años, sin embargo, en las escuelas de danza se imparten clases a niños a partir de cuatro. Con ellos, se trabajan aspectos como los ritmos o la psicomotricidad. La metodología de trabajo es distinta a la utilizada con los más mayores, los profesores tienen que cambiar de registro con mayor frecuencia, abordar la danza desde un punto de vista más lúdico y con unos movimientos adaptados a la edad. En este sentido, profesores y alumnos coinciden en el hecho de que comenzar a una edad temprana es beneficioso para los jóvenes ya que, gracias a la danza, desarrollan cualidades que les ayudarán en todas las facetas de su vida. El baile se convierte en una autodisciplina. Supone un gran esfuerzo y sacrificio por parte de las personas que lo practican. Para conseguir salir adelante en este ámbito profesional es necesario un trabajo duro y constante con una gran capacidad de organización, algo que también es de gran utilidad en otros aspectos personales.
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