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INNOVA CANTABRIA
EUROPA NO ESPERA
JULIO POMÉS | Domingo, 20 de Noviembre de 2011

Europa no va a dar tiempo alguno a España para elaborar un plan de reformas, porque los mercados están histéricos. El nuevo Gobierno debe tener listas las medidas y anunciarlas, bien en su discurso de investidura o tras su primer Consejo de Ministros. El nuevo presidente ha de acertar a la primera e impactar en las instituciones económicas. No basta con tener claro qué es lo óptimo; hace falta, además, saber convencer. Si queremos despertar confianza, el nuevo Ejecutivo tendrá que ganar una doble batalla: de un lado, contar con una estrategia que concilie el pago de la deuda con el crecimiento y, de otro, mostrar determinación en un plan de acción concreto, para que los mercados nos crean.

Conseguir una opinión pública favorable resulta clave y ahí los gestos son capitales. La imagen de país bananero infunde pánico en los posibles inversores, razón por la que mostrar fortaleza es fundamental para despertar la confianza. El riesgo país tiene siempre dos componentes: una objetiva, la de las tozudas cifras macroeconómicas; y otra subjetiva, la impresión de seriedad que se trasmite a nuestros fiadores. En esta segunda, la habilidad del nuevo Ejecutivo es imprescindible.

El presidente que salga tras el 20-N tiene un gran reto: reducir la prima de riesgo a los 202 puntos que alcanzaba hace un año. Cada 100 puntos básicos nos cuestan 12.400 millones de euros y 160.000 empleos. Bajar 300 puntos podría suponer un ahorro de 37.200 millones de euros y medio millón de parados menos. Disponer de esa liquidez para financiar a las empresas y aumentar el empleo propiciaría el deseado crecimiento.

Pero hay un debate abierto que no se puede soslayar: el escaso margen de maniobra del que dispondrán los representantes electos. La causa son esos 100 millones que cada día tiene que desembolsar España por los intereses de nuestra deuda. Para tener libertad de acción no hay que estar hipotecados. Los ciudadanos debemos asumir que crear empleo exige ahorrar en gasto público, lo que conlleva evitar reivindicaciones impropias de una etapa que precisa austeridad.

El presidente entrante tendrá que pagar el peaje de parecer autoritario y gobernar por decreto unos meses, porque la recuperación lo exige. Quizás sea el momento de emular a Churchill en su primer discurso como primer ministro: «no tengo nada que ofrecerles que no sea sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo».