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eldiariomontanes.es |
Domingo, 13 de Septiembre de 2009 |
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El mantenimiento ininterrumpido del servicio de iluminación en los faros siempre ha sido el deber y la obsesión de los responsables de las señales marítimas, por lo que eran muy duras las sanciones que se aplicaban a los torreros que, sin justificación, desatendían sus labores.
Un apagón de media hora sucedido en el santanderino faro de Cabo Mayor, sobre las cuatro de la madrugada de una noche de noviembre de 1887, supuso la expulsión del cuerpo de Esteban Ibáñez, torrero mayor encargado; la suspensión por un mes al torrero segundo, José Anciota, y la suspensión de cinco días de sueldo para los dos torreros del vecino faro de la Isla de Mouro: Regino Martínez y Leonardo Martínez, por no haber notado la falta de luz en el faro de Cabo Mayor, que está enfrente de la isla, o por no haber dado cuenta a sus superiores, en caso de haberse percatado del hecho.
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