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| A.G. POLAVIEJA SANTANDER | Domingo, 22 de Noviembre de 2009 | |||
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Uno de los sectores con un mayor índice de autónomos entre sus integrantes es el del espectáculo, y el caso de las salas de concierto es un claro ejemplo de ello. Es una franja del mercado incierta, por cuanto depende de gustos, modas y corrientes que rara vez es posible anticipar. Pese a ello, el sector vive una época de bonanza en medio de la tormenta, propiciada por una curiosa carambola en la que intervienen la propia música, las nuevas tecnologías de la comunicación y, por qué no, la psicología característica de la sociedad moderna. La actual situación que atraviesa este sector debe explicarse como el resultado de una sucesión de situaciones que afectan a muy diversos sectores de la sociedad. Según la Sgae, en 2008, la asistencia de público a conciertos de todo tipo y aforo creció en España cerca de un 9%, en una nueva confirmación de la dinámica alcista que presenta un sector que venía de crecer un 23,4% en el ejercicio 2007. En general, la música es un bien cada vez más valorado y demandado pero, ¿explica eso aumento del número de conciertos y la proliferación de locales destinados a albergar los mismos? Solo en parte, puesto que también hay que prestar atención a otros datos, no tan halagüeños. Crecimiento del sector Estos datos están relacionados con el sector del ocio musical: la caída vertiginosa de las ventas de discos. A día de hoy, los artísticas consiguen entre el 60% y el 80% de sus ingresos a través de actuaciones en vivo, y el resto de la venta de discos. En este punto entran en escena las nuevas tecnologías de la comunicación, que han propiciado una difusión de la música sin parangón en la historia. Si las salas de concierto están de enhorabuena, la industria de las discográficas se halla en el punto opuesto de la balanza. Con unas pérdidas que aumentan y se multiplican año tras año, la industria musical se ha visto obligada a replantear su estructura y su carácter. Aunque parezca imposible, Internet ha impuesto sus reglas y puesto en jaque a uno de los sectores tradicionalmente más lucrativos del ámbito de las artes y los espectáculos. Los grandes beneficiarios de esta situación han sido, pues, además de los propios consumidores, las salas de concierto. No sólo han visto aumentada la demanda de actuaciones por parte del público, sino que en muchos casos, el propio merchandising de los grupos, que han encontrado en estos locales una excelente vía para dar salida a su producto, se ha encargado del resto. Así, los locales destinados a albergar conciertos en las principales ciudades de nuestro país han pasado de programar una o dos actuaciones por semana a tener tres o cuatro de manera sistemática.
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