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Opositar para... ¿laboral o funcionario?
INNOVA | Domingo, 10 de Enero de 2010

                    Cualquier ciudadano puede acceder a un concurso o concurso-oposición para optar a un puesto de empleado público, siempre que cumpla ciertos requisitos. ::
                         INNOVA
Cualquier ciudadano puede acceder a un concurso o concurso-oposición para optar a un puesto de empleado público, siempre que cumpla ciertos requisitos. :: INNOVA

El puesto de un funcionario es, quizás, uno de los empleos más anhelados entre los trabajadores. La idea, creada en la mente de algunos, de cobrar un sueldo elevado por un trabajo estable hace que sean muchos los que se decanten por estudiar una oposición.

En Cantabria, 33.448 personas, según los últimos datos del Instituto Cántabro de Estadística (Icane), fechados en 2009, trabajan al servicio de la Administración Pública en la región. Sin embargo, no todos ellos son funcionarios.

Según la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, bajo la que se regula este sector, son dos grandes grupos los tipos de empleo público a los que se puede acceder: los funcionarios y el personal laboral.

Funcionarios

El término más conocido cuando se habla de empleo público es el de funcionario. Estos trabajadores se caracterizan por no regirse por el derecho laboral común, sino que están bajo las directrices de la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público.

Los funcionarios constituyen el mayor de los grupos de empleados públicos. Ellos mismos, a su vez, se pueden clasificar en dos tipos distintos de trabajadores. El primero de ellos, y el que cuenta con un contrato más estable, es el compuesto por el funcionariado de carrera. En este caso, existe una relación estatutaria, es decir, a través de una serie de leyes y reglamentos, con la Administración Pública.

En base al principio de igualdad establecido en la Constitución, el acceso a un puesto de funcionario de carrera se realiza a través de un proceso de selección basado en unos criterios objetivos según el mérito y la preparación de los candidatos. De esta forma, cualquier ciudadano puede acceder al concurso o concurso-oposición, siempre y cuando cumpla una serie de requisitos como la nacionalidad, la edad, la titulación, etc.

Precisamente, en función de la titulación que se requiera para un puesto de funcionario, éstos quedan divididos en cuerpos o escalas. De esta forma, se clasifican en Grupo A (doctores, licenciados, ingenieros superiores y arquitectos), Grupo B (diplomados universitarios, ingenieros técnicos o arquitectos técnicos), Grupo C (Bachiller Superior, BUP o Ciclos Formativos de Grado Superior), Grupo D (graduado escolar o graduado en ESO) y Grupo E (certificado de Escolaridad).

El segundo de los grupos de funcionarios es el establecido por los interinos. En este caso, los trabajadores son contratados por una necesidad y urgencia, aunque desempeñan el mismo trabajo que cualquiera de sus compañeros de carrera.

Una de las diferencias entre ambos es el método de selección, ya que, en el caso de los interinos, el proceso es más rápido aunque también se respetan los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad. Asimismo, aunque se les aplica el régimen general de los funcionarios de carrera, su contrato finaliza en el mismo momento en el que termina la causa por la que han sido contratados.

Personal laboral

La plantilla de empleados públicos aumenta con el personal laboral. Se trata de aquellos trabajadores que, sin pertenecer al grupo de los funcionarios, se rigen por un contrato laboral, es decir, están sometidos a las normas de función pública, aunque también a las directrices de la legislación laboral (se rigen por el Estatuto de los Trabajadores y el convenio laboral correspondiente). De esta forma, la situación de este tipo de empleados públicos se asemeja más a la de los trabajadores de una empresa privada que la de los funcionarios. Asimismo, según el tipo de contrato que posean, en las plantillas de empleados públicos existe personal laboral fijo, por tiempo indefinido o temporal.

En cualquiera de los dos casos, funcionarios o laborales, el acceso a uno de estos cargos es un camino duro en el que no sólo vale con ser bueno, sino que hay que ser el mejor.