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Portada Cantabria Trabaja Noticias Typical Spanish: siesta y extraños horarios
JORNADA LABORAL
Typical Spanish: siesta y extraños horarios
redaccion@innovacantabria.com MARTA U. SELLERS | Domingo, 28 de Febrero de 2010
                    Tener malos hábitos y un horario desorganizado produce agotamiento físico y psíquico. ::
INNOVA
Tener malos hábitos y un horario desorganizado produce agotamiento físico y psíquico. :: INNOVA

 

 

¿Somos vagos?¿Si nos quitan la siesta no rendimos?¿Sólo trabajamos si comemos tortilla de patatas y paella? ¿Nuestra tecnología es prehistórica? La percepción del trabajador español por parte del resto de europeos está plagada de tópicos, pero lo que sí que es cierto es que España está en el furgón de cola en términos de productividad.

Al margen de estereotipos, cada vez existen más datos que demuestran que uno de los problemas es nuestra forma de organizar el tiempo.

En nuestro país, está generalizada una jornada laboral que ha permitido a nuestras costumbres más arraigadas mantenerse, mientras que otros países la han ido modificando, para aprovechar mejor el tiempo.

Los trabajadores de los países vecinos desempeñan su trabajo hasta las cinco o seis de la tarde, aproximadamente, sin dedicar apenas tiempo para comer y cenan hacia las siete para aprovechar las horas de sueño. En cambio, en España, a pesar de que entramos a la misma hora a nuestro puesto, salimos mucho más tarde porque dedicamos más tiempo a la hora de la comida llegando, en ocasiones, a las dos horas con siesta incluida. Esto hace que la salida se establezca a las ocho de la tarde, si no es más tarde. Al llegar a casa, la cena y el rato de ver la tele se alargan hasta que termina su programa favorito.

José Luis Hernando, responsable de Salud Laboral de UGT en Cantabria, cuenta que «ha hecho trabajos en Europa, ha estado colaborando con distintos sindicatos europeos, en Finlandia e Inglaterra, por ejemplo, y es mucho más llevadero y más relajante ese tipo de horario. El de España es mucho más estresante, nos ocupa muchas más partes del día y yo creo que rendimos menos porque dedicamos menos tiempo al ocio».

Las comidas placenteras, la sobremesa y la siesta, grandes placeres para nosotros, son hábitos que forman parte de nuestra idiosincrasia y a los que nos gusta dedicar ciertas horas de nuestra vida diaria, pero la cantidad de tiempo que gastamos en ello ¿es verdaderamente rentable? Ese tiempo del mediodía, el resto de europeos lo aprovechan para trabajar y salir antes. Hernando opina que «el que está a turno partido de mañana y de tarde, la mañana la dedica a trabajar y la tarde también, es como si tuviera una jornada de dieciséis horas. Eso hace que las personas dediquen poco tiempo al ocio y cuando llegan a trabajar, se encierran. Al incorporarse a su mundo profesional pasan dos cosas: entran en la cadena productiva y no se molestan ni en innovar ni en formarse ni en ir más allá de lo que están haciendo y se abandonan como ciudadanos, como gente que forma parte de la sociedad. El trabajo les absorbe».

Las consecuencias de este tipo de horario - falta de sueño, agotamiento físico y psicológico, falta de concentración, nerviosismo, estrés- provocan que las condiciones físicas y psíquicas no estén en pleno desarrollo. Esto es un factor muy negativo para el propio individuo que ve cómo desciende su rendimiento y su productividad en su quehacer diario. Desde el departamento de salud laboral de UGT se difunde que el trabajo a turnos y aquellas formas que no dejan tiempo para el ocio perjudican al bienestar del trabajador porque «el ser humano es diurno. Tiene que descansar por la noche, formarse, adaptarse y sentirse comprometido en la sociedad. Si el ciudadano está ocupado o preocupado por su puesto de trabajo, por su tarea diaria más allá de las 8 horas tenemos un ciudadano incorporado a la cadena productiva de forma mecánica. Por eso, este trabajador no es capaz de ver la luz de la formación, es decir, que piensa que mañana va a hacer lo mismo que hoy, está cansado y no tiene tiempo. Deberíamos dedicar parte de nuestro tiempo a nuestra profesión y otra parte del tiempo al ocio y además, dejar hueco para la formación».

Horas extra

Esa falta de rendimiento hace que las tareas lleven más tiempo de lo establecido y por eso se deben hacer horas extraordinarias. Esas horas son consideradas por los españoles, en muchas ocasiones, como un ejercicio responsable hacia la empresa y, a veces, son remuneradas. Por el contrario, en algunos países europeos, a aquel que trabaja más horas de lo que su contrato establece, se le considera no apto para el puesto que ocupa o pierde el tiempo. No es una práctica habitual, el horario es más rígido. Hernando recuerda que según la legislación de nuestro país «se pueden hacer ochenta horas extras como máximo al año más las que se hacen por emergencia. ¿Por qué se hacen? Para mejorar los salarios, para redondear la nómina a final de mes y por otro lado, para cubrir las horas necesarias sin pagar más puestos de trabajo. A un empresario le sale más barato que un empleado suyo haga horas extra que contratar a otra persona con los gastos que conlleva -nómina, gastos de la seguridad social-. No somos capaces de romper esta dinámica. En España se hacen miles de horas extraordinarias, si esas horas se utilizasen para crear puestos de trabajo acabaríamos con parte del paro».

Los expertos opinan

Existen diferentes instituciones que realizan estudios sobre este tema. Por ejemplo, la Fundación Independiente y el Centro Internacional Trabajo y Familia elaboraron conjuntamente y con el patrocinio del Ministerio de Administraciones Públicas (INAP) un libro blanco sobre las variaciones horarias existentes en diferentes puntos del planeta. Llegan a varias conclusiones: existe una dificultad para coordinar las relaciones comerciales entre países, se producen más riesgos laborales debido a la falta de sueño o la productividad de las empresas no llega al cien por cien.

Para mejorar esta situación, una opción que están adoptando empresas europeas y americanas es el establecimiento de políticas familiarmente responsables, como afirma el Centro Internacional Trabajo y Familia. Estas reformas crean un equilibrio que repercute en el rendimiento y en la productividad: mejoran el ambiente laboral y traen beneficios que van más allá de lo económico. Hernando insiste en la necesidad de que el empresario «considere a su plantilla un elemento vivo que tiene que potenciar el desarrollo de la empresa y del producto final para ser competitivos en un mercado». Cuando el empresario ve a sus trabajadores como un potencial capaz de realizar su trabajo con optimismo gracias a las oportunidades que le brindan y cuando los trabajadores mantienen una comunicación fluida con los cargos superiores se produce un ambiente más favorable que logra el «buen hacer» empresarial.

Lo que nos aconsejan los diferentes estudios es que comamos en menos tiempo para poder salir antes de trabajar y aprovechar el resto de horas del día para socializarnos, disfrutar del hogar y formarnos. Este tiempo más distendido nos ayudará a afrontar la jornada siguiente con positivismo y con ganas de aportar algo más a la empresa.

Esta actitud se convierte en un aliciente que incita a la innovación y, por tanto, a una mejora de la situación empresarial respecto al empresario, los trabajadores, las familias de esos trabajadores, el producto final y las relaciones con proveedores y clientes.

En definitiva, es necesaria una concienciación por parte de gobiernos, empresarios, ciudadanos y de la sociedad en general para lograr ciertas cambios laborales que ayuden a la mejora de la calidad de vida y al avance de nuestra sociedad. Así, lograremos competitividad de cara al extranjero.