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La cara oculta de la innovación y la i más dé más i
ALFONSO GARCÍA GIRÓN | Domingo, 07 de Junio de 2009

Hace pocas semanas publicaba el Consejero de Economía, Ángel Agudo en las páginas salmón del diario un artículo con reflexiones sobre la revolución industrial que supone la economía del conocimiento y de las energías renovables en el mundo.

Abría de esta forma un interesante debate acerca de cuestiones que van a afectar al tejido empresarial de Cantabria y del mundo en general, y que toma como punto de partida todo lo que supone una revolución industrial en las sociedades modernas, del calado de la que tenemos encima desde hace pocas décadas y que acabará con un cambio del modelo de civilización occidental, tal y como lo teníamos concebido.

El modelo tecnológico como economía y como forma de desarrollo social que después diseñará un modelo industrial, es un hecho que se ha manifestado con una inestabilidad similar al del índice Nasdaq, volátil y especulativo. No quiero decir que no tenga una dimensión importante, pero sí que el concepto de lo tecnológico y por tanto de la innovación continua que debe llevar asociada, carece de la solidez necesaria para un correcto desarrollo como modelo social, salvo en algunos lugares del mundo que no siempre incluyen un país entero.

Subconceptos como investigación, desarrollo e innovación, i más dé más í, al final acaban por este fenómeno de insolidez en meros objetivos de política general muy apoyados desde las instituciones, pero con un corto recorrido por ausencia de peldaños fundamentales que impiden el ascenso hacia la transferencia tecnológica a una industria específica, necesaria para culminar el modelo tecnológico y vital para crear modelo social y por tanto fijar costumbres que faciliten la permanencia.

Desde la Unión Europea se impulsan políticas en materia de i más dé más í con unos presupuestos muy importantes que casi nunca terminan potenciando el modelo social de base tecnológica. Los puntos críticos son fácilmente localizables y desde las pymes con vocación tecnológica son fácilmente detectables.

El primer gran escollo o punto crítico está en la casi nula interrelación de la investigación pura que se realiza en las universidades, con la innovación que se desarrolla fundamentalmente en la empresa o industria. Teniendo en cuenta que la primera es la gran depositaria de este tipo de fondos, podríamos decir que la mayor parte del apoyo institucional se va a conocimiento puro, difícilmente localizable y muy volátil.

El segundo punto crítico está en la poca disposición de la empresa todavía hacia los programas de í más dé más í, que están motivados por el tercer punto crítico que comentamos a continuación. Esto abre más la brecha entre Universidad o Conocimiento Puro y la Empresa o Innovación Pura.

Como tercer y último punto crítico, está el verdadero escollo y el fallo general del sistema que no es otro que la ausencia de financiación aplicada para la transferencia tecnológica a la industria. Cuando una empresa decide apostar por la tecnología, supera todos los exámenes previos de instituciones tecnológicas y consigue unos partner de primera línea para abordar un proyecto tecnológico, como es nuestro caso, es necesario aportar recursos económicos importantes que parten necesariamente de los recursos propios y dedicarlos a ese fin específico, que no es otro que crear tecnología para crear posteriormente industria, puestos de trabajo y riqueza.

Prioridad

Si partimos de cero, no es posible crear primero industria y después tecnología, porque si lo hacemos así el desfase de planeamiento no nos conduciría a ninguna parte. Primero es necesario crear la tecnología y es esta tecnología la que va a definir la forma de fabricarla en serie y su posicionamiento en el mercado. Por lo tanto la inversión previa debe dedicarse a este fin concreto y después es muy probable que los recursos propios líquidos no sean suficientes para abordar el proyecto industrial absolutamente necesario si queremos huir de la volatilidad y de la nula transferencia tecnológica a la industria y al nuevo modelo social.

Obviamente la necesidad de financiación se hace patente en este momento industrial y es aquí donde el sistema se rompe definitivamente, porque para las instituciones políticas la tecnología desarrollada sin materializar encasilla a la empresa en mero proyecto de í más dé más í, algo etéreo, invalorable, y las entidades financieras no tienen departamentos de riesgo capaces de evaluar el capital tecnológico, ya que su casi única especialidad es la hipotecaria y ya tampoco la practican de forma normal. El resultado no es otro que el colapso exitoso. Al final se ha desarrollado una estupenda tecnología, que alguna sociedad de tasación puede valorar en una docena de millones de euros, para guardar en un cajón o para meter en una maleta e irse a algún país emergente que sepa aprovechar esa tecnología para crear industria, puestos de trabajo y demás.

La escalera del sistema dispone de dinero, voluntad política y base emprendedora, pero carece de los peldaños fundamentales para las pymes tecnológicas y para lo más sencillo del proceso: fabricar. La financiación no existe en este tramo y menos en los momentos actuales, por lo tanto sin el apoyo claro de la administración será casi imposible que los proyectos tecnológicos emergentes puedan tener el recorrido necesario para contribuir a dinamizar la economía y convertirse en una realidad industrial. En este sentido es necesario decir que el modelo industrial elegido para Cantabria es muy interesante y acertado en lo 'grande', y apuesta fundamentalmente por la gran fábrica que polariza una región. Sin embargo, no hay que olvidar las políticas de planificación territorial europea que apoyan decididamente el desarrollo local y la fijación de la población en su entorno originario, manteniendo y modernizando el entorno rural.

Esto unido a conceptos como teletrabajo y al buen desarrollo de las telecomunicaciones, hace pensar que también el concepto de lo 'pequeño' debe desarrollarse en el ambicioso plan industrial para Cantabria que comentaba el Consejero en su artículo y este concepto no se va apoyar en la gran compañía que localiza tecnología hermética en la región, sino en la pequeña compañía que es capaz de desarrollar proyectos emergentes desde el propio territorio y que necesita más apoyo financiero para la transferencia industrial y para un modelo industrial distribuido pero potente, mucho más eficaz en el día a día por su labor multilateral, capaz de consolidar el desarrollo territorial de una región en todas sus vertientes.

Como ejemplo de este modelo que no es el único en Europa podemos poner a una pequeña industria en un pueblo del norte de Italia, al lado del lago de Varese, que fabrica motores eléctricos y alternadores de imanes permanentes para la industria eólica entre otras y que pasa desapercibida en el entorno por su integración paisajística. Su cifra de facturación debe estar cercana a los 18 millones de euros y debe emplear a unas treinta personas del lugar.

Un buen ejemplo para una región como la nuestra en pleno debate de modelos.