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Pequeñas inversiones, grandes beneficios
LOLA GALLARDO SANTANDER | Domingo, 01 de Noviembre de 2009
Conchita González Puerta y Javier Domínguez. / ANDRÉS FERNÁNDEZ
Conchita González Puerta y Javier Domínguez. / ANDRÉS FERNÁNDEZ

 

 

A veces pequeñas inversiones en un centro de trabajo puede suponer un beneficio para la salud y el bienestar del trabajador, además de un ahorro económico en bajas laborales. Todo cuenta. La Asociación de Técnicos Superiores en Prevención de Riesgos laborales en Cantabria cumple diez años al servicio del trabajador. Conchita González Puerta y Javier Domínguez son su presidenta y vicepresidente respectivamente.

Retrocedemos en el tiempo. En 1999, la Universidad de Cantabria realiza el primer máster en prevención de riesgos laborales. Han pasado cuatro años desde que se aprueba la Ley de Prevención de Riesgos que obliga a las empresas a cumplir una serie de requisitos en materia de seguridad bajo sanción en caso de incumplimiento. En el primer máster se forman 30 técnicos en prevención de riesgos que forman una asociación. «Vimos que era un sector muy disperso, y que la unión era necesaria y empezamos a andar». De esas treinta personas iniciales, hoy son 150 los asociados de ámbitos de la economía muy dispares. El único requisito para ser técnico en prevención de riesgos es disponer de una licenciatura o diplomatura universitaria. En la asociación hay economistas, médicos, ingenieros, físicos, químicos o abogados. Gente que procede de la empresa privada, de la administración pública o de las mutuas de trabajo.

«Es un trabajo muy vocacional», comenta Conchita González, quien añade que te enfrentas a todo tipo de situaciones en una empresa. Su trabajo consiste en acudir a un centro de trabajo y evaluar qué riesgos para la salud de los trabajadores existen o qué puestos son los que entrañan más peligrosidad.

Sordera y enfermedades pulmonares son las lesiones más frecuentes hoy entre los trabajadores, junto con los problemas en la espalda por malas posturas o soportar cargas excesivas.

Las enfermedades profesionales hoy distan mucho de las que había hace años. El mobbing o acoso laboral o el síndrome del quemado (exceso de trabajo) son enfermedades hoy frecuentes que hace años no se consideraban ni enfermedad. Era algo que había que soportar en el trabajo. Hoy está considerado una enfermedad laboral, tanto el acoso como el exceso de trabajo. Son enfermedades muy frecuentes en sanidad o educación, comenta Javier Domínguez.

Diagnóstico

Detectar una enfermedad profesional es algo tremendamente complicado en muchos casos y pueden pasar años desde que se inicia una enfermedad hasta que se demuestra que es consecuencia de realizar un determinado trabajo. Es por ello que muchas enfermedades profesionales hoy se siguen tratando en la Seguridad Social y no en las mutuas de trabajo. Una sordera, por ejemplo, desde que aparece en una persona hasta que se demuestra que es producida por el trabajo pueden pasar hasta 20 años. O el caso del amianto. Primero dijeron que era un producto con innumerables ventajas y sin riesgos para la salud y después se demostró que producía cáncer. Cargar pesos puede no suponer un problema para la salud a corto plazo, pero en el largo plazo una persona puede acabar con la espalda destrozada.

El uso incorrecto del ratón del ordenador o una mala postura puede acabar, con el paso de los años, en enfermedades. «Son pequeñas cuestiones -explica Conchita González- que se pueden prevenir con pequeñas actuaciones y que mejoraría mucho la salud del trabajador y por tanto su rendimiento en la empresa».

Otro objetivo de la asociación de técnicos en prevención de riesgos laborales es integrar la prevención en la empresa en todos los niveles, tanto en la dirección como en los mandos intermedios y los trabajadores. «Si compramos una silla, muchas veces la más bonita no es la mejor. Puede ser una silla barata. Lo que hay que mirar es que sea la mejor desde el punto de vista de la ergonomía», explican estos expertos.

El aire acondicionado es motivo de pelea en muchas empresas. El problema radica en que primero se instala el aire y luego se colocan los puestos de trabajo, cuando debería ser al revés, primero se diseña el puesto de trabajo para luego colocar las salidas del aire acondicionado. El ordenador también suele causar problemas, sobre todo a la vista, cuando la solución a veces es tan sencilla como girarlo 20 grados para que los reflejos desaparezcan.

En todas estas cuestiones asesoran los técnicos en prevención cuando acuden a una empresa. «Muchos problemas se solucionan con pequeñas inversiones, no siempre requieren de grandes cantidades de dinero», comentan.

La prevención de riesgos es nuevo para las empresas. Es obligatorio incluso en aquellas que sólo tienen un trabajador. Todas están obligadas a elaborar un estudio de su empresa sobre riesgos para la salud y las medidas que se pueden poner en marcha para solucionar el problema. En muchas ocasiones es el propio empresario el que se ocupa directamente de la prevención. Sólo necesita hacer un curso de 30 horas. En las empresas grandes, sin embargo, es otro cantar. Acuden a servicios de prevención o disponen del suyo propio. Además, se encargan de realizar los cursos de formación para prevenir accidentes e informar a los trabajadores de los peligros de su empresa. Suelen ser las empresas de más de 250 trabajadores que trabajan en el sector de la construcción, explosivos, químico o el relacionado con productos radioactivos. Sin embargo, en Cantabria predominan las pequeñas y medianas empresas -no más de 10 trabajadores- con dificultades para disponer de servicios de prevención propios.

Y los requisitos, explica Conchita González, «son los mismos. Da igual que la empresa tenga dos o 500 trabajadores. Deben cumplir las mismas normas y elaborar el mismo número de expedientes». Ocurre que muchas empresas de sectores con escasa o nula siniestralidad no entienden los motivos por los que deben realizar tanto 'papeleo'. «Nosotros queremos que estas pequeñas empresas vean que la prevención es una manera práctica de evitar accidentes. No queremos que lo vean como una obligación, sino como algo bueno y positivo para la empresa», comenta la presidenta de la asociación. Al final, el resumen es que falta cultura de la prevención en Cantabria. En los colegios hay que empezar a enseñar a los niños que la prevención en el trabajo es fundamental».