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| DOLORES GALLARDO | Domingo, 28 de Febrero de 2010 | |||
Quien quiere trabajar puede hacerlo. Eso sí, con condiciones. Hay que estar dispuesto a viajar, aceptar propuestas diferentes o simplemente, saber elegir bien el negocio. La crisis, que ataca con crudeza sectores como la construcción o el turismo, no ha podido con pequeños negocios que lejos de perder dinero, están generando riqueza. Son pequeños oasis en medio de una gran crisis. Ahogados por la crisis, muchos parados han acudido en busca del catálogo de ocupaciones de difícil cobertura del Instituto Nacional de Empleo (Inem). Y para satisfacción de unos y sorpresa de otros todavía hay puestos de trabajo libres. Eso si, no son sencillos ni cómodos. La mayoría implican un cambio de residencia o permanecer alejado de la familia durante meses. Mayordomo de buque encabeza la lista de estos trabajos. No se trata de camarero del Titánic ni cocinero de un petrolero. Pero requiere conocimientos. Hay que obtener el título de Técnico en bar y repostería internacional (dos años) reconocido opr el Estado. También figura el puesto de bombero de buques, cuya función es esencial en barcos que llevan las bodegas con residuos industriales como uranio o plutonio. Frigorista naval o ingeniero geógrafo y terapeuta ocupacional son otros puestos de trabajo con vacantes todavía por cubrir. Pero no hay que ir tan lejos para comprobar que hay negocios que en plena crisis están en alza. En el centro de Santander, sin ir más lejos, hay varios. «Hay muchos morosos» Eva González tiene una tienda de arreglos de ropa en la calle Burgos de Santander. Desde hace tiempo ha visto incrementar considerablemente el trabajo, aunque reconoce que no gana más. Tiene que abrir más horas -«ahora no cierro al mediodía»- y ha contratado más personal. Llegan arreglos de todo tipo, cada día más, pero no dejan mucho dinero. Hay mucha crisis, la gente rescata la ropa del fondo del armario y luego, muchos no pagan. En ocasiones traen trajes para arreglar de 3.000 euros o incluso más caros, afirma. Hoy ha cambiado la forma de trabajar, reconoce Eva. «Tenemos muchos arreglos de ropa de la 'boutique calé' o trajes de novia que debo ensanchar o estrechar porque se lo prestan unas amigas a amigas», comenta. Otro traje de novia ha llegado a su taller para convertirlo en vestido de Primera Comunión. Son casos curiosos que han incrementado considerablemente el volumen de trabajo de su pequeño negocio. «Soy sastra y coso bien y eso la gente lo sabe, pero a veces llegan pidiendo milagros», dice. Reconoce que «la gente no está mal, está peor» y asegura que por su establecimiento pasan personas que están sufriendo de forma muy cruda la crisis económica. «Hay muchos morosos. Gente con dinero que no me paga y eso que doy facilidades para pagar a plazos. Me sigue dando verguenza el tener que pedir el dinero que me deben». «No hay calidad» También sabe de más trabajo Pedro Santamaría. Regente un pequeño establecimiento de reparación rápida de calzado. Sin embargo, ocurre igual. Más trabajo pero menos ingresos. Y es que afirma que la calidad de los zapatos es hoy malísima. «Antes había buenos zapatos, ahora son malos, de peor calidad. Cuesta más arreglarlos, lleva más tiempo y se gana menos». Los zapatos hoy se fabrican en China, Taiwan o Vietnan, explica, y antes era «cuero bueno». Santamaría lleva más de veinte años en su pequeño negocio del que es propietario. Ha visto pasar muchos zapatos por sus manos y, sin duda, los zapatos de antes eran mejores. «Daba gusto arreglarlos antes, hace años. Eran zapatos de muy buena calidad, con pieles muy buenas. Hoy no tienen nada que ver», comenta. Arreglar buenos zapatos, «no cuesta, la suela pega sola». Hoy la cosa cambia, «no pegan ni las suelas por la mala calidad del zapato». Su problema, como el de Eva González, también son los morosos. En la trastienda tiene bolsas y bolsas amontonadas con zapatos que nunca nadie fue a recoger. Algunos comenta que da pena tirar, porque están sin usar, con las suelas nuevas, pero nadie volvió a por ellos. La posibilidad de cobrar los arreglos por adelantado no es de su agrado. «Yo no valgo para eso», dice Pedro. Otro camino es vender los zapatos que están nuevos a precios económicos, pero tampoco esta idea atrae a Pedro Santamaría. «Sí he vendido alguno, muy pocos, pero porque la gente me los pide. A mi eso no me gusta», explica. Y mientras, los zapatos se siguen amontonando en la trastienda. Meses y meses, hasta que cansado de verlos, acaban en la basura. «Hay que renovarse» Hace once años o más que Belén Ordóñez abrió su negocio en la calle Cisneros de Santander. Venta de muebles antiguos, decoradora de interiores... eran otros tiempos. «Hoy hay que renovarse», dice. Y es que «dedicarse al mueble a medida es hoy en día un lujo que no es compatible para nada con la crisis económica». Ante esta reflexión, Belén decidió transformar su negocio. Ha creado un pequeño taller en el que enseña todo lo que sabe sobre restauración de muebles. También llegan nuevos encargos para recuperar muebles que antes se hubiesen tirado. «Restauro y también reciclo», explica mientras enseña con orgullo su taller. El taller lo ha montado convencida de que la gente, por un módico precio, acudirá a restaurar o reciclar sus muebles. «Cambiar la decoración de la casa es divertido, afirma Belén Ordóñez, quien recuerda que con poco dinero se puede conseguir». El precio por acudir a sus talleres es económico, afirma convencida. «Son sesenta euros al mes cinco horas divididas en dos días, aunque siempre son más horas. Una vez que vienen no hay prisa por terminar el trabajo», explica. Si sólo es una tarde, el precio se reduce a 30 euros. En su negocio no ha topado con 'morosos'. «Siempre he trabajado con un público formal y serio, nunca tuve problemas de morosidad, al menos hasta el momento», explica. De todas formas, deja claro que en su trabajo «soy formal y ofrezco buenos precios y eso se paga con la formalidad del público». Por sus manos han pasado muebles de lujo realizados con materiales de alta calidad. Hoy, comenta, «es difícil encontrar muebles tan exquisitos, hechos a medida». De momento, dice, «siempre nos queda la restauración y el reciclaje». Oportunidades Pero estos no son los únicos negocios que hoy prosperan. Oportunidades hay muchas y diversas. El ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación es un mundo en el que todavía queda mucho por explorar. También en Cantabria se está apostando fuerte por el sector de la energía eólica. Y en unos meses será una realidad el inicio de las obras de Toys 'R' Us, que crearán 250 empleos o el nuevo centro de Orange que prevé crear 600 puestos de trabajo. En el otro extremo está la construcción y el sector servicios, los más duramente castigados por la crisis económica. Algunos apuntes de expertos en economía dibujan un panorama esperanzador. Los últimos datos indican que la economía de Cantabria cerró 2009 en recesión (-2,9%) y la previsión es que este año entre en la senda de la recuperación y abandone los recortes. El Gobierno regional confía en que entre 2010 y 2011 se creen más de 10.000 empleos. La mayor parte de estos trabajos van asociados al plan de choque del Gobierno de Cantabria, con obras en infaestructuras.
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