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| INTENSIVA, PERO SOSTENIBLE |
| JUAN QUINTANA | Domingo, 13 de Junio de 2010 | |||
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Nuestro gobierno nacional está poco preocupado por el futuro del agro, no el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), sino el gran centro decisorio que es la Oficina Económica de Zapatero. Sin embargo, de vez en cuando se vislumbran importantes dosis de sentido común que es importante rescatar y resaltar. La Ministra Elena Espinosa, poco dada a realizar afirmaciones con calado, algo que deja a su segundo escalón, hizo recientemente unas declaraciones muy destacables en una entrevista concedida al Diario El Mundo. En ellas afirmaba literalmente que no se puede asimilar la intensificación con pérdida de sostenibilidad. Pero no solo eso, resaltaba en este contexto la importancia de los cebaderos, los invernaderos, las explotaciones avícolas en intensivo para huevos, etc. y su papel para producir de forma eficiente alimentos accesibles. Lo que ha dicho la Ministra es una gran verdad, que no impide defender los modelos ecológicos en los que España es puntera. Pero no olvidemos que se trata de un modelo viable mientras haya suficiencia alimentaria, pero que probablemente quebraría si la oferta no pudiera satisfacer la demanda de alimentos, algo a lo que con los análisis actuales, estamos abocados. El auge de las producciones ecológicas o extensivas se ha fundamentado en medir los indicadores sostenibilidad por metro cuadrado o por carga ganadera; un gran error. Por ejemplo, si para obtener un kilo de huevos en jaula se produjera más CO2 que en ecológico o en extensivo, entonces sería más perjudicial desde este punto de vista. Pero de acuerdo con los resultados presentados hace escasas semanas en la Universidad de Wageningen, para producir un kilo de huevos en ecológico se emiten 2,65 kg de CO2 a la atmósfera, mientras que si provienen de gallinas en jaula es de 2 kilos, un 24,5 por ciento menos. Conclusiones similares se han alcanzado con los purines del cerdo, en extensivo e intensivo, con las emisiones de metano en rumiantes, con el uso del agua entre sistemas localizados y riegos a manta o en la producción de hortícolas en invernaderos o en extensivo. El impacto ambiental del sector agrario debe ser estimado por kilo de alimento producido, al menos en un momento donde la superficie de cultivo no puede crecer, pero sí debe hacerlo la producción. Inevitablemente tenemos que producir más kilos de alimentos para alimentar a una sociedad que crece muy rápido. Es imprescindible hacerlo con el mínimo coste de recursos y el menor impacto. Para ello es necesario realizar un balance energético y un balance ambiental global. Este sistema de valoración de la sostenibilidad productiva no debe ignorar la concentración de las actividades para poder adoptar medidas correctores y acciones de prevención en aquellos espacios sometidos a fuerte presión productiva. Para ello las diferentes tecnologías del agro nos llevan a modelos más sostenibles, sin ocultar que el agro, como todo sistema productivo es consumidor de recursos.
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