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INVESTIGACIÓN
Más allá de las películas de ciencia ficción
ARAY CEBALLOS saray_ceballos@innovacantabria.com | Domingo, 25 de Julio de 2010

En el año 2001, la inteligencia artificial se puso de moda gracias a Steven Spielberg y su película homónima. En ella nos presentaba a David, el primer prototipo de un nuevo nicho de mercado: los niños-robot.

Pero esta ciencia no nacía allí. La ingeniería, las matemáticas, la filosofía, la economía y las ciencias políticas se unieron, a través de un conjunto de científicos, para investigar, allá por los años 40, la posibilidad de simular un cerebro. Fue el primer paso hacia la inteligencia artificial, «un área de la ciencia que busca la creación, de una forma artificial, esto es, por parte de los seres humanos, de entes capaces de presentar determinados comportamientos inteligentes», tal y como la define José Ramón Llata, profesor titular de la Universidad de Cantabria en el área de conocimiento de Ingeniería de Sistemas y Automática.

Desde entonces, y haciendo una parada en la conferencia de Dartmouth, en 1956, momento en el que se le dio un mayor empuje, ha habido diferentes etapas de abandono y de renacimiento, hasta que, hoy en día, «se comercializan numerosos productos relacionados con las técnicas de inteligencia artificial», señala.

Cosa del presente

Aunque en el ámbito de las ingenierías es común el uso del término inteligencia artificial para referirse a la creación de hardwares o softwares con cierto carácter inteligente, Llata piensa que sería más correcto referirse a esto como inteligencia computacional. De esta forma, desde el punto de vista de una ingeniería, la inteligencia artificial ha de entenderse como «un conjunto de componentes físicos y una serie de algoritmos computacionales que permiten la toma de decisiones de una forma similar a como lo haría un ser humano».

Definiciones aparte, la cuestión es que la inteligencia artificial ya es cosa del presente, aunque «falta mucho tiempo para ser capaces de crear un sistema computacional que presente las mismas capacidades de inferencia que un humano», afirma Llata. Sin embargo, en la actualidad, ya se vienen desarrollando, «de forma habitual», aplicaciones diarias que ofrecen la posibilidad de tomar decisiones en unas condiciones similares a las que lo haría una persona especialista en la materia.

Se presenta, así, como unas técnicas «capaces de decidir» la mejor opción, incluso cuando no cuentan con toda la información necesaria o cuando puede ser errónea, «tal y como hacen los humanos de forma continua y sin darse apenas cuenta», explica el profesor.

Abanico de posibilidades

Un aire acondicionado que detecta las presencia de personas adaptando sus parámetros de funcionamiento a las condiciones ambientales; una lavadora capaz de seleccionar el programa automático en función de la suciedad de la ropa o un sistema de reconocimiento automático de caras o iris para permitir el acceso a edificios. Todos ellos son ejemplos de la inteligencia artificial al servicio del ciudadano, una ciencia que poco a poco comienza a introducirse en las tareas más cotidianas y que, muchas veces, «utilizamos sin darnos cuenta».

Pero, el ámbito de aplicación de este segmento de la ciencia es bastante amplio. Se ha investigado ya en diversos paradigmas y diversas aplicaciones, apareciendo diferentes modelos, algunos presentando una estructura sencilla y otros más compleja y elaborada. «Así, - señala Llata - se puede ver que los sistemas expertos basados en reglas pueden estar entre las técnicas más simples de entender, mientras que las redes neuronales, algoritmos genéticos, redes Bayesianas, etc. presentan mayores dificultades para justificar de forma matemática su correcto funcionamiento».

Independientemente de si se trata de sistemas complejos o sencillos, para el profesor de la Universidad de Cantabria la inteligencia artificial trae consigo unas facilidades «muy diversas», debido, precisamente, a su amplio abanico de aplicaciones.

En un ámbito más especializado, esta área de la ciencia tiene una gran utilidad en aquellas aplicaciones que necesitan una toma de decisiones de forma automática en base a una determinada información, sin necesidad de intervención de los humanos, y en aquellas destinadas a la optimización de diversos problemas mediante técnicas de carácter reiterativo.

José Ramón Llata añade a la lista de posibilidades aquellas aplicaciones en las cuales «el volumen de datos con las que se trabaja es enorme como, por ejemplo, datos extraídos desde códigos genéticos biológicos y de los que es necesario extraer información relativa a las correlaciones entre datos, a la extracción de características comunes y diferenciales, etc.».

En definitiva, Llata destaca el carácter transversal que presentan las técnicas de inteligencia artificial, ya que son aplicables a problemas tanto de índole social, económico, «así como en las diversas ramas de la Ingeniería».

Así, después de todo esto, ese futuro que Steven Spielberg nos presentaba de la mano de su Pinocho futurista, no suena ya tan a ciencia ficción.