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| Más diversificación de negocio para capear la crisis |
| JOSÉ CARLOS ROJO | Domingo, 12 de Septiembre de 2010 | |||
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Trabajan a la carta. Estudian, diseñan y fabrican los prefabricados que sustentan estructuras en toda España. El motor de la empresa cántabra Rocacero ha sido siempre la innovación. Así lo entendió José Ribao, fundador de la sociedad en 1955. Una senda que han continuado su yerno y actual propietario, José Agudo y el nieto del fundador, José Angel Agudo Ribao. Las cifras marcan los márgenes de la dimensión de la empresa. Rocacero cuenta en sus instalaciones de Requejada con 16.500 metros, de los que 11.800 están construidos. Su ámbito de negocio abarca todo el territorio nacional y algunas de las grandes infraestructuras tienen su sello. La diversificación del mercado, que circula desde la construcción a la obra civil, ha permitido el crecimiento continuo, incluso ahora, en tiempos de crisis. Quizá precisamente por la mala salud de los mercados crece su negocio. Los prefabricados, cada vez más presentes en la obra consecuencia del ahorro de mano de obra que implica su instalación, están en la principal línea de salida del negocio torrelaveguense. También la rapidez. Las oportunidades Siempre hay continuas modificaciones de las normativas que obligan a los promotores a buscar soluciones. Rocacero dedica una oficina técnica a encontrarlas. Por iniciativa propia también trabaja. Algunos productos que ofrece la firma cántabra tienen patente también cántabra y fueron ideados en la empresa. La innovación se convierte así en uno de los pilares que sustentan el negocio de una empresa consciente de que sólo a través del valor añadido se puede destacar en el mercado. Los primeros El interés de Rocacero por tomar la iniciativa en los prefabricados para obra civil ya se reflejó en los años ochenta cuando la empresa cántabra fue contratada para el aprovisionamiento de las traviesas de hormigón necesarias para la renovación de la línea férrea entre Santander y Alar del Rey. El siguiente paso fue la fabricación de impostas para los puentes y las medianas de las autovías que se empezaban a construir en Cantabria. Hoy, proyectos terminados como el viaducto de Montabliz, el más alto de España, o en obra, como el puente que unirá la avenida de Los Castros con la S-20 en Santander, copan su labor. La gran dimensión de las obras ha obligado a Rocacero a especializarse en el prefabricado pesado - de más de 20 toneladas-. Son varios los proyectos que ocupan ahora la labor innovadora de su oficina técnica. La evolución de la normativa en materia de construcción residencial obliga a unos requerimientos estrictos de aislamiento acústico y térmico. Parte del trabajo de diseño de Rocacero se concentra en ese fin. También en las barreras de contención para carreteras y puentes. La apuesta por la modernidad y la vanguardia se materializa de nuevo en estos proyectos. Una filosofía que se plasma también en el edificio que alberga las instalaciones de la empresa en Requejada, tanto por fuera, como por dentro. De puertas hacia el exterior el diseño ha buscado con acierto la ocultación de la estética de fábrica, manteniendo las zonas de producción ocultas. La reciente construcción de las instalaciones incorporan una depuradora de aguas residuales provenientes de los lodos que resultan de la fabricación de las piezas hormigonadas. Ese agua se reutiliza en la producción. Más rápidos Además, la automatización de los nuevos equipos ha permitido un considerable aumento de la producción reduciendo costes. De las siete personas a dos relevos que se precisaban en el pasado para fabricar dos mil bloques al día, se han pasado a las 14.000 piezas fabricadas por operario.
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