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PANORAMA CANTABRIA
El necesario control de la calidad del agua
PATRICIA DELGADO patricia_delgado@innovacantabria.com | Domingo, 05 de Diciembre de 2010

                    Desde la Consejería de Medio Ambiente de Cantabria se coordinan los trabajos de análisis del agua. ::
                         INNOVA
Desde la Consejería de Medio Ambiente de Cantabria se coordinan los trabajos de análisis del agua. :: INNOVA

El uso que hacen las personas de las zonas próximas a las aguas litorales y las actividades económicas que implantan en ellas están estrechamente vinculadas con la calidad del agua en dichos entornos.

Y es que los vertidos contaminantes que llegan a estas aguas pueden provocar daños de diversa magnitud en los territorios, tanto en la biodiversidad que existe en esas aguas como en las actividades socioeconómicas que se desarrollan en ellas, tales como el uso como aguas de baño o la producción de moluscos.

Por estos motivos, es de gran relevancia que los territorios habiliten los mecanismos necesarios para controlar la calidad de estas aguas.

Una necesidad que se convirtió en obligación en el año 2000 con la Directiva Marco del Agua, «cuyo principal objetivo es conseguir un buen estado ecológico y químico de todas las masas de agua de la Unión Europea para el año 2015», explica Ana Isabel Ramos, directora general de Obras Hidráulicas y Ciclo Integral del Agua del Gobierno de Cantabria.

«Entre los trabajos que dicho reto implica -prosigue- se encuentra la necesidad de llevar a cabo programas de control de la calidad de todas las masas de agua, incluyendo las aguas de transición y costeras».

Para asumir estas funciones, la Consejería de Medio Ambiente puso en marcha en 2005 la Red de Calidad del Litoral de Cantabria. En 2009, ésta se reforzó con la Red Vigía.

Los estuarios, los más amenazados

En términos generales, las aguas litorales de Cantabria presentan una buena calidad, «aunque existen algunos focos de contaminación urbana e industrial que afectan al buen estado ecológico y químico de algunas masas de agua», asegura Ramos.

Dentro de los espacios que están amenazados, los estuarios son los ambientes en los que existe más riesgo, ya que son los más explotados por el ser humano y, al mismo tiempo, los sistemas más sensibles.

Así, en nuestra región, pese a que se puede afirmar que el estado de los estuarios es «aceptable o bueno y, según los datos recopilados durante estos años de mediciones, ha ido mejorando», sí es cierto que existen algunas excepciones y peculiaridades.

En el lado positivo de la balanza se encuentran Tina Mayor, Tina Menor, San Vicente, Mogro, La Maruca, Joyel y Oriñón, que «tienen una buena calidad de agua, sedimentos y biota», expone la directora general.

En el otro lado, se halla la ría de San Martín de la Arena, en Suances, que se perfila como el estuario que peor estado presenta de la comunidad autónoma. En este punto, existen importantes procesos de contaminación orgánica, que provocan una disminución del oxígeno disuelto y concentraciones muy elevadas de metales pesados en los sedimentos.

Para corregir esta situación, la Consejería de Medio Ambiente viene realizando «un intenso seguimiento de la calidad del agua de esta ría y ya se advierte una tendencia a la mejoría en todos los parámetros», indica Ramos.

Así, según los datos obtenidos este verano, los valores de PH se encuentran dentro de los límites, ha aumentado la concentración de oxígeno disuelto y han disminuido el color y el carbono orgánico total.

Otros lugares en los que se detectan algunas anomalías, aunque en mucha menor medida, son la Bahía de Santander, la ría de Galizano, la de Ajo y las marismas de Santoña. En estos estuarios, el problema está en los vertidos de aguas residuales urbanas y, en el caso de la Bahía de Santander, también se ha advertido la presencia de hidrocarburos y metales pesados por encima de los niveles habituales.

En este mismo apartado, también cabe señalar algunos casos singulares, como «el estuario de Oyambre, donde la mayor amenaza es la ocupación de gran parte de su superficie por la especie invasora Baccharis halimifolia o las marismas de Victoria, que presentan un estado de eutrofización que genera un crecimiento excesivo del fitoplancton y oscilaciones bruscas en la concentración de oxígeno disuelto», indica la directora general.

Estas incidencias, en algunas ocasiones, repercuten sobre la calidad de las aguas costeras, en las que se detectan aportes contaminantes procedentes de los estuarios. No obstante, «las aguas costeras presentan una buena calidad del agua y los sedimentos, y las comunidades biológicas se encuentran en buen estado», asegura Ramos.