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YO SOY INMIGRANTE DIGITAL
ÉTICA HÁCKER
VIOLETA GONZÁLEZ violetez@ole.com | Domingo, 26 de Diciembre de 2010

                    El joven de Castro, Héctor Díaz, hackeó un accesorio para la consola de Microsoft. ::
                         ABEL VERANO
El joven de Castro, Héctor Díaz, hackeó un accesorio para la consola de Microsoft. :: ABEL VERANO

Confieso que los hackers me despiertan cierta admiración. Casos como el de Héctor Díaz, un veinteañero de Castro Urdiales que hackeo un accesorio para una consola de Microsoft, me hacen evocar a un romántico Robin Hood de la sociedad del conocimiento.

Reconozco también que ya utilizo casi siempre el navegador Mozilla Firefox y que, al comprarme mi portátil, opté por instalar OpenOffice en lugar de las herramientas ofimáticas de Windows. Veo películas con VLC, estoy aprendiendo a manejar Audacity y acabo de descargarme el descompresor de archivos 7-zip.

Estos gestos aparentemente sin importancia esconden implicaciones de mayor calado, como es la elección entre software de fuentes abiertas (SFA) y software propietario. Entre los programas cerrados administrados por empresas privadas en su beneficio, y los abiertos o libres, desarrollados por la comunidad de desarrolladores (que también incluye a empresas) y que se distribuye con una licencia que permite la libertad de ejecutarlos, de conocer el código fuente, de modificarlos o mejorarlos y de redistribuir copias a otros usuarios.

En realidad el concepto de SFA se remonta a los orígenes de la programación. En los sesenta y los setenta, se disponía libremente del código. Los hackers (en el sentido original de programador experto, no de pirata informático) copiaban los programas, intercambiaban sus fuentes, las estudiaban y las reutilizaban adaptándolas a sus necesidades. De esa época y de esa filosofía procede por ejemplo gran parte de la tecnología sobre la que hoy se basa Internet.

En los 80 comenzó a emerger el modelo propietario: los programas se empezaron a vender como productos comerciales independientes de las máquinas, la nueva industria del software se apoya en la legislación de la propiedad intelectual, y el hacker, que compartía el código y cooperaba con otras personas, pasó a ser considerado un «pirata informático».

Pero hubo hackers que no aceptaron la situación, como Richard M. Stallman, que abandona el Massachussets Institute Technology (MIT), crea la Free Software Foundation (FSF) y se embarca en el proyecto GNU (acrónimo que significa GNU´s Not Unix) para desarrollar, junto a otros descontentos, un sistema operativo totalmente libre. En 1991, un estudiante de la Universidad de Helsinki, llamado Linus Torvalds, ayudado por una legión de voluntarios de medio mundo, desarrolla un kernel (el corazón de un sistema operativo) y da lugar a la aparición de Linux. En 1998 Torvalds aparecería en la portada de la revista Forbes. En 1999 dos empresas basadas en software libre, Red Hat y VA Linux, se incorporaron al índice bursátil Nasdaq.

La ética hacker empezaba a dejar de ser un acto de subversión y el SFA pasó a formar parte del paisaje de la tecnología. Apache es quizá el ejemplo de más éxito: un 50% de los servidores web de Internet se basa en su software abierto o en alguna versión modificada, según datos de Netcraft.

Según el Centro Nacional de Referencia de Aplicación de las TIC basadas en Fuentes Abiertas -entre cuyos patronos se encuentra el Gobierno de Cantabria y la matriz de la empresa Mundivía, Atos Origin-, Estados Unidos, Australia y los países de Europa del Oeste lideran actualmente el desarrollo y adopción del SFA. Alemania, Francia y España (con un 29% de todos los programas creados) van a la cabeza europea. La Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Zaragoza utilizan ya este tipo de software.

En junio de 2010, en el marco de OpenForum Europe, la comisaria europea encargada de la tecnologías de la información advirtió a los gobiernos europeos contra el riesgo de ser «encerrado accidentalmente en una tecnología propietaria», sin nombrar a Microsoft, y anunció la creación de un programa de asesoramiento a los Estados para desarrollar el uso de software libre. Al amparo del VII Programa Marco de I+D, la Unión Europea financia proyectos tecnológicos que incluyen desarrollos de SFA.

Todos los grupos políticos del Parlamento de Cantabria aprobaron en marzo de 2010 por unanimidad una proposición no de ley en la que se insta al Gobierno de Cantabria a que promueva el uso del sotfware libre y los estándares abiertos en la Administración Pública.

¿Cómo puede un programa informático abierto competir con un producto de Microsoft, el mayor inversor del mundo en I+D? La extensión del uso de herramientas abiertas está provocando cambios en el negocio del software. Las empresas del SFA prescinden de los ingresos por la venta de licencias de uso, pero se benefician de una base de usuarios mucho mayor, que en ocasiones implementa nuevas mejoras al producto, lográndose un desarrollo muy rápido y una difusión casi inalcanzable en el modelo propietario. El modelo de negocio se reorienta hacia el servicio, añadiendo valor a través de la satisfacción de nuevas necesidades.

También tiene sus detractores. Quienes descartan la implantación de SFA en su organización, argumentan que o no hay software libre con similares niveles de calidad al propietario en algunas áreas, o hay pocas implantaciones, o bien que el ahorro en licencias debe destinarse a formación y soporte. Otros desconfían de que haya empresas detrás que garanticen el mantenimiento y soporte, o que el formato sea compatible el del software propietario.

Los proveedores, por su parte, están acostumbrados a crear programas a medida, sin suministrar las fuentes, para rentabilizar sus desarrollos con otros clientes. Para los consumidores particulares, el SFA sigue siendo una opción minoritaria. Sin el respaldo de agresivas campañas publicitarias, no encontramos paquetes de atractivos colores en los establecimientos especializados.

Hace años SFA se asociaba a unos pocos entusiastas encerrados en los laboratorios de su universidad. Hoy tiene la calidad suficiente como para ser una alternativa para el usuario. El software de fuentes abiertas ya no es sólo cosa de frikis.