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España, borrón y cuenta vieja
TERESA VELASCO | Domingo, 04 de Septiembre de 2011

Cuando todo apunta a que la economía mundial podría estar rozando una nueva recesión -de momento, se extiende el estancamiento de la actividad y la situación de EE UU y otras potencias no llama precisamente al optimismo-, España se encuentra a punto de finalizar una legislatura plagada en su último año de oscuros riesgos, contagios y amenazas, combatidas con medidas cortoplacistas y temporales cuyos resultados aún están por llegar.

De los apenas cuatro meses que restan para acabar el ejercicio poco se puede esperar, marcados por unas elecciones generales en pleno epicentro (20-N) que traerán la consiguiente parálisis, con todos los partidos políticos volcados en la campaña electoral y el preceptivo periodo de espera hasta que se constituya el nuevo Gobierno.

La economía española deberá seguir su propia inercia, ante la ausencia obligada de los Presupuestos Generales del Estado de 2012. En este sentido, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ha confirmado estos días que el actual Gobierno no puede preparar dichas cuentas por el adelanto electoral, pero tampoco siquiera un nuevo cuadro macroeconómico. Por eso, y por lo dicho por el candidato del PP, Mariano Rajoy, una de las primeras tareas del nuevo Ejecutivo, de ganar las elecciones su partido, será elaborar esos Presupuestos antes de marzo de 2012.

Deciden otros

España, como el resto de los países situados en la periferia de la 'zona euro', no ha sido dueña de sus decisiones, siempre venidas de los designios de los estadistas de Alemania y Francia, y obligadas por el acoso permanente de los mercados. Y encima, casi todo lo hecho hasta ahora parece haber caído en saco roto, por lo que el futuro Gobierno no podrá hacer borrón y cuenta nueva, sino que tendrá que seguir con una tarea 'vieja' de difícil solución.

El investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, Federico Steinberg, afirma que a partir de este verano habrá que asumir que el crecimiento económico de los países más avanzados ha sido «un espejismo», gracias a la expansión monetaria (tanto de la UE como de EE UU) y fiscal (solo en Estados Unidos). Pero nada más cambiar el panorama ha aparecido «un nuevo pánico», hasta el extremo que no se puede hablar de recuperación sino de más endeudamiento, e incluso vuelve a escucharse con fuerza la posible llegada de una nueva recesión. En Estados Unidos, insiste, «ya no se descarta».

Por este motivo, estima que «ya no importa tanto» si se crece a una tasa del 0,4% o del 0,1%, dado que lo único que se constata es una perspectiva de recuperación lenta y nula creación de empleo. Basta con repasar los últimos datos macroeconómicos, con avances del 0% para Francia o de dos décimas para España, mientras se avecinan nuevas revisiones a la baja en las economías más desarrolladas por parte del FMI y de Bruselas. Y en problemas como el del paro español, la OCDE hace desaparecer cualquier motivación con sus previsiones de que no volveremos a tasas del 8% hasta dentro de otros 15 años.

Steinberg reconoce, no obstante, que hay una situación de espera sobre las medidas que se pueden adoptar en España. En su opinión, el país «necesita tiempo para digerir la resaca de la deuda», mientras que las reformas hechas también «precisan margen para que den resultados». La celebración de las elecciones, por tanto, no sería tanto -a su juicio- un tiempo perdido, pues el crecimiento «poco sólido» permite el tiempo de espera.

Sin apenas margen

En cualquier caso, parece claro que el actual Gobierno no tiene margen para adoptar más medidas, por lo que este analista aconseja «dejar pasar el tiempo y esperar a que la deuda sea absorbida». Cree que lo único importante para salir de la situación es que haya demanda y se concedan créditos y esto, hoy por hoy, no lo ve posible porque «no se trata de una recesión cíclica sino de la 'post-burbuja' financiera». Es más, según sus cálculos, tardaremos por lo menos cuatro años en superar este panorama.

Por el contrario, el economista del IE Business School, Rafael Pampillón, sostiene que «algo más sí se puede hacer·. Ve la reforma de la Constitución para fijar el techo del déficit como «una señal» de que los partidos mayoritarios pueden llegar a acuerdos de peso si realmente quieren -estancado sigue, por ejemplo, el pacto de Estado por la energía-. Y cree, además, que algunas medidas de ajuste ya adoptadas «no van a caer en saco roto», como las anunciadas en Castilla-La Mancha, Cataluña y Madrid, a las que juzga «en la buena dirección».

Pampillón afirma que antes del verano «2011 se consideraba un año perdido» para la recuperación, pero con el adelanto de las elecciones generales «el error es menor». Y una vez celebradas aconseja al nuevo Gobierno que adopte más reformas en el mercado de trabajo (negociación colectiva, contratos, formación, políticas activas o privatizar las oficinas públicas de empleo); en la política de gastos de las Administraciones (autonómicas y locales), incluyendo la cuantía de transferencias del Estado a las comunidades; en el sistema financiero -acabando lo empezado- y también en el sector energético.

Por lo que respecta a las reformas exigidas desde la Comisión (CE) o por el Banco Central Europeo (BCE), Pampillón reconoce que no queda otra opción que obedecerles si queremos recibir ayudas. De no hacerlo, «sería el caos», y hasta habrá que aceptar que «no es malo» que el que ayuda pida garantías de devolución y exija que se reduzca el déficit.

El economista del IE Business School considera que algunas de las últimas medidas del Gobierno, además de la referida reforma constitucional, son positivas, incluida la reducción a la mitad del IVA por la compra de vivienda nueva pese a sus moderados efectos. Con esta iniciativa, Pampillón cree que será posible reducir los activos inmobiliarios dañados de la banca y facilitar la reforma aún en marcha en el sector.

Pero lo que no ve positivo es que el nuevo Gobierno pueda plantearse alguna subida de impuestos, ya que este mecanismo resulta «contraproducente» en situaciones de crisis. Aunque por la decisión que parece estar calando en casi todos los países de elevar tributos a las rentas más altas, piensa que «España tendrá que apuntarse a ese carro», si bien teniendo antes en cuenta las consecuencias en términos de ingresos y de evasión fiscal.

Como Steinberg, Pampillón tampoco ve que el panorama de crecimiento del paro vaya a cambiar de tendencia, sobre todo mientras permanezca el «endeble» crecimiento de la economía. Para él, solo el cambio de Gobierno podría incrementar las expectativas de las empresas sobre la recuperación y la creación de empleo. La razón no es otra que el nuevo Ejecutivo tendrá cuatro años por delante para adoptar medidas severas, e incluso polémicas que, a su juicio, van a tener «un coste político» que se podrá amortiguar en la segunda parte de la legislatura.

Otro punto en el que coinciden los economistas es que sería bueno que se conozca cuanto antes quién será el nuevo responsable de Economía, porque de acertarse con su elección traería tranquilidad a los mercados y se reduciría la prima de riesgo. Por ello, y si como dicen las encuestas gana el PP, algunos aún siguen viendo a Rodrigo Rato como la mejor elección, aunque es casi imposible que acepte este cargo. Cristóbal Montoro o Luis de Guindos, anteriores colaboradores suyos, también suenan.