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| IGNACIO MARCO-GARDOQUI | Domingo, 11 de Septiembre de 2011 | |||
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El panorama económico ha empeorado a lo largo del veranoporque el crecimiento se ha estancado en el segundo trimestre y amenaza con traspasar en los siguientes la delgada línea roja que linda con la recesión. La verdad es que habíamos avanzado mucho en el otro problema, el del endeudamiento del Estado. Las exigencias germano-francesas habían terminado por dar sus frutos y, mientras las propuestas de contención de gastos se generalizan, los compromisos de austeridad se consolidan en los niveles jurídicos más elevados de cada país. Sin embargo, el déficit presupuestario es el resultado de dos sumandos y, si los ingresos fiscales aflojan como consecuencia del parón de la actividad económica, el recorte previsto de los gastos será insuficiente para alcanzar el objetivo de estabilidad. Hasta ahora, los recortes han circulado por la periferia de la estructura del Estado, sin poner en cuestión ninguno de sus pilares básicos y sin atacar siquiera ninguna de las maneras en las que se materializa el Estado del Bienestar. Aquí hay un campo enorme e inexplorado para obtener ahorros. Por ejemplo, nadie discute que la gratuidad de la enseñanza es un bien que debemos mantener y garantizar a toda costa. Pero, ¿por qué razón todo el mundo se preocupa y discute acerca de dinero y casi nadie habla de eficacia, de los logros conseguidos? Por ejemplo, ¿son necesarias 50 universidades públicas? ¿Podemos garantizar su calidad? ¿Debemos ofrecer titulaciones académicas que la sociedad no demanda? ¿Debemos pagar los estudios a quienes tardan más años de los previstos en completar el currículum, aunque no exista ninguna razón que justifique el retraso? Como todas las respuestas son incómodas y las buenas son también impopulares, depositamos las esperanzas en que la recuperación económica nos proporcione los recursos que necesitamos. A partir de ahí ya lo saben. La demanda interna no está en condiciones de ofrecer ningún tipo de ayuda y, esta misma semana hemos conocido la caída del 41% de las ventas de viviendas en el segundo trimestre. Así que nos apoyábamos en la externa y eso es lo que ha cambiado radicalmente en los meses del verano, pues se han gripado los motores que debían traccionar a nuestra economía. Francia aflora un crecimiento cero en el trimestre y Alemania un ridículo 0,1%. Obama ofrece una nueva ración de keynesianismo para disipar la atonía y los suizos se ven obligados a pisotear el sacrosanto libre mercado, fijando un límite mínimo de cambio para el franco, para evitar que sus exportaciones se colapsen. Así que, en adelante y mientras no mejore la situación de nuestros clientes, solo podemos confiar en el esfuerzo privado para aumentar nuestra cuota de exportaciones en un mercado exterior estancado. Algo imprescindible para paliar el drama del paro y muy conveniente para aliviar el problema inicial del endeudamiento. Será más duro, pero será necesario.
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