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| RECESIÓN EVITABLE |
| JULIO POMÉS | Domingo, 11 de Septiembre de 2011 | |||
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Todas las recesiones que ha habido en la historia tienen una parte objetiva, las cifras incuestionables que reflejan los descensos del PIB anual durante varios trimestres, y otra parte subjetiva, más peligrosa: una actitud de miedo ante lo que se sospecha que puede ocurrir. Merece la pena analizar por separado ambos factores ante la amenaza de recesión que están padeciendo Europa y EE UU. Respecto a la parte subjetiva, resulta asombroso el papel que está desempeñando la nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. Esta política declaró en la revista 'Der Spiegel' que la economía mundial podía entrar en una recesión de forma inminente. Si su mensaje para alertar del peligro hubiera sido más constructivo, no se hubiera desencadenado un pánico que hizo caer la Bolsa un 5%. Probablemente si Dominique Strauss-Kahn hubiera seguido al frente del FMI la situación estaría mejor controlada. Lástima que la denuncia de la camarera del Hotel Sofitel y el celo de un fiscal de Manhattan ávido de popularidad se cargaran a una persona que, al margen de su azarosa vida personal, lo estaba haciendo muy bien. Si se pretende evitar la recesión resulta fundamental que las autoridades económicas del mundo sean cautelosas en sus declaraciones. La mejor política económica fracasa y no resulta operativa cuando el pánico se desata, porque el dinero es lo más miedoso del mundo. Respecto a las causas objetivas de la crisis, el análisis de las variables macroeconómicas que sirven para detectar una recesión es desalentador. El aumento del PIB en la OCDE en el segundo trimestre de 2011 ha sido del 0,2%, mientras caía el volumen del dinero disponible en circulación, igual que en Estados Unidos lo hacían la actividad manufacturera y el índice de confianza del consumidor. La Bolsa internacional, mientras, sigue pendiente de que la Reserva Federal ponga muchos dólares en circulación, pero esta medida sería solo un alivio pasajero. Creo que la presente crisis se puede solventar si los países dejan de hacerse trampas cuando juegan al solitario. Confiar en que la economía se puede arreglar con más endeudamiento resulta un error que agrava la situación, porque llega un momento en el que no se generan ingresos suficientes para sobrevivir y pagar los intereses. A la vista está que a Grecia había que haberla echado del euro, aunque hubiera costado condonarle la deuda. La solución definitiva pasa por aplicar reformas estructurales que se cumplan de modo inexorable. La receta que es válida, y que devolvería la confianza a los mercados, pasa por un severo plan que impida el déficit y que suponga la expulsión del 'Club de Países Solventes' al que no cumpla. Porque la incertidumbre desaparece cuando se está seguro de los compromisos.
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