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El proceso interminable
ANA BARANDIARAN | Domingo, 25 de Septiembre de 2011

                    Mujeres ante una sucursal de la CAM en Madrid. ::
                         REUTERS
Mujeres ante una sucursal de la CAM en Madrid. :: REUTERS

El Banco de España tiene una fecha marcada en rojo en su calendario: el próximo viernes 30 de septiembre. Para ese día, las cajas en la cuerda floja deberán haber conseguido recapitalizarse con inversores privados o, de lo contrario, serán nacionalizadas y pasarán a manos del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). El regulador pretende así cerrar una larga y tortuosa reestructuración que arrancó en 2009 y que ha supuesto la transformación de estas entidades en bancos. Pero no va ser fácil darle carpetazo. La recta final del proceso se complica con la adjudicación de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), que va a requerir una ingente cantidad de dinero público para convencer a los posibles compradores, y también con el debate sobre la necesidad de reforzar otra vez la banca ante la crisis de deuda y la amenaza de recesión. En este contexto tan hostil, todo apunta a que habrá una segunda oleada de fusiones cuando todavía ni siquiera ha culminado la primera. Y tampoco se puede descartar que en esta nueva etapa haya más intervenciones.

La situación que el Banco de España se encontrará este viernes no será muy diferente de la foto a día de hoy, salvo sorpresas de última hora. De los ocho grupos de cajas que presentaban déficit de capital en el examen de marzo, dos salieron a Bolsa en julio; Bankia -encabezado por Caja Madrid-, el más problemático por su elevada dimensión, y Banca Cívica -liderada por Caja Navarra y Cajasol-. A otros dos se les ha concedido una prórroga para recapitalizarse porque su posición no es tan mala y su dimensión muy manejable; se trata del grupo Mare Nostrum (BMN) -con Caja Murcia al frente- y Liberbank -Cajastur y otras-. Por otra parte, el binomio Caja España-Caja Duero ultima su fusión con la malagueña Unicaja, solo pendiente de la aprobación este lunes en su asamblea. Y quedan tres -NovacaixaGalicia, Catalunya Caixa y la también catalana Unnim- que se han resignado a pasar a manos del FROB.

Las necesidades de este trío que no ha logrado salir adelante con sus propios medios ascienden a unos 5.000 millones de euros, según los cálculos de marzo, aunque las entidades afirman que han conseguido reducir algo la cifra. Pero más o menos ese es el importe de la factura de la segunda ronda de recapitalizaciones que corre a cargo del erario público. La primera se elevó a cerca de 9.674 millones, a los que habría que sumar otros 392 millones del esquema de protección de activos que solicitó la BBK para quedarse con CajaSur y los 2.475 millones que pidió Cajastur a cambio de absorber Caja Castilla-La Mancha, la primera entidad intervenida en este proceso.

Alto riesgo

Pero todas estas cifras empalidecen frente a lo que puede suponer reflotar la CAM, intervenida por el Banco de España el 22 de julio. La entidad alicantina es «un bicho muy grande y muy feo», que va a costar digerir, según advierte con sorna un ejecutivo de un conocido banco. El informe financiero del primer semestre, publicado esta semana, da una idea del agujero que esconde su balance debido a su exposición al 'ladrillo' y una pésima gestión marcada por la política, los dos grandes males del sector.

Hay que tener en cuenta que la CAM era una de las mayores entidades del país antes de que se iniciara la reestructuración, con más de 70.000 millones de euros en activos. Pues bien, según los datos conocidos estos días, sus préstamos a promotores se elevan a 12.677 millones de euros y de ellos más del 50% está en situación de impago. Este riesgo se dispara al 61% si se incluyen los créditos con alta probabilidad de entrar en mora. Y si se suma también el capítulo de las constructoras y las hipotecas a particulares de dudoso cobro, el agujero ligado al 'ladrillo' asciende a 8.800 millones. Todo eso a día de hoy, pues no hay duda de que en el futuro será mucho mayor.

No es lo único inquietante. La CAM debe, además, afrontar un calendario muy exigente de vencimientos de deuda. Unos 1.413 millones pendientes este año y casi 6.000 millones el siguiente. A todo ello hay que añadir una continua fuga de depósitos por la huida de clientes.

Nada más ser intervenida a finales de julio, el Banco de España tuvo que inyectar en la CAM 2.800 millones de euros de capital y abrirle una línea de liquidez de 3.000 millones de euros, de la que ya ha consumido 500.

Pese a estos números de vértigo, el regulador está decidido a resolver la subasta antes de las elecciones del 20 de noviembre. De hecho, querría adjudicarla a finales de octubre. Consciente de las dificultades que entraña encontrar comprador en las actuales circunstancias, está dispuesto a dar todo tipo de facilidades. Incluso ofrece que el FROB asuma todas las pérdidas que afloren en los próximos 10 años en los activos de riesgo. Hasta ahora, tanto en CajaSur como en Caja Castilla-La Mancha, el denominado Esquema de Protección de Activos (EPA) se limitaba a cubrir una cuantía fija. Con este cambio se extendería un cheque casi en blanco. En concreto, las primeras pérdidas se atenderían con las provisiones de la entidad. En un segundo tramo, hasta los 2.500 millones, el Fondo cargaría con el 80% y, a partir de ahí, con el 90%.

Pero puede que ni por esas. «No es solo el riesgo inmobiliario. Es que ahora, con los mercados de financiación cerrados y sin poder colocar ni un bono, a ver quién puede asumir los vencimientos pendientes», apunta una fuente del sector. Por eso se cree que las entidades medianas no tienen capacidad para acudir a la puja y está por ver si las grandes aceptan entrar y en qué condiciones. Santander, BBVA y La Caixa figurarán en la lista de los interesados que se debe cerrar este lunes, pero eso no les compromete a nada. Tan solo a estudiar la operación, y está claro que el Banco de España les ha instado a estar presentes en esta primera fase.

Capacidad del FROB

El asunto de la CAM suscita grandes incertidumbres. Para empezar, y dada la dimensión del problema, cabe preguntarse si el FROB tiene capacidad suficiente para afrontarlo. Dispone de unos recursos de 19.750 millones, pero ya tiene comprometidos más de 17.500, incluida la segunda ronda de recapitalizaciones. Es cierto que puede endeudarse más, aunque eso no es fácil para nadie ahora. «Tendemos a pensar que el Fondo es el primo de Zumosol que puede con todo, y no es así», advierte el consejero de una caja.

Otra cuestión es si van a surgir 'otras' CAM. Basta recordar que al cierre de esta etapa van a quedar tres grupos -NovacaixaGalicia, Catalunya Caixa y Unnim- en manos del FROB y con un horizonte complicado.

Las entidades españolas sufren el problema del estancamiento económico y una creciente morosidad por el paro y su exposición al negocio inmobiliario. Al otro lado de las fronteras, la banca europea también se encuentra en la cuerda floja por la deuda soberana que acumula en sus balances, mientras se especula con la quiebra de Grecia. «Todos vamos cojos y vamos a salir a buscar a los mismos inversores, a tocar las mismas puertas», explica de manera gráfica Jordi Fabregat, profesor de ESADE, para dar a entender la feroz competencia que existe a la hora de captar fondos en un mercado seco. De ahí que cada vez se apueste con más fuerza por una nueva ronda de recapitalizaciones con dinero público.

Demasiado tarde

En opinión de Fabregat, España debería haber empezado antes la reestructuración del sector aunque, en general, valora de forma muy positiva el proceso. «Ha costado tiempo, pero el Banco de España ha hecho un buen trabajo. Se ha quitado a los políticos de los sillones de las cajas y se ha dado entrada a los técnicos», apunta.

En cambio, el resultado es muy negativo para José María Martínez, secretario general de Comfia-CC OO. «Como no se actuó antes, tras la caída de Lehman Brothers, lo que ha hecho el Banco de España es regalarlas y acabar con su modelo. Eso perjudicará a los menos pudientes, porque las cajas atendían las necesidades de gente que no tiene cabida en otros lugares», se lamenta.

En el sector, mientras, se muestran satisfechos con su transformación. Como se pretendía, se ha pasado de 45 entidades, con un tamaño medio de 28.504 millones de euros, a 15, con un volumen medio de 85.522 millones. Para su capitalización se han constituido 14 bancos y tres de ellos -Bankia, Caixabank y Banca Cívica-, que suman el 50% del sector, ya cotizan en Bolsa. De hecho, en el mapa actual solo quedan dos pequeñas como cajas en sentido estricto: la levantina Ontinyent y la balear Pollensa.

En paralelo, se ha acometido una profunda racionalización. Se ha reducido la plantilla de 135.415 a 121.229 empleados, y las oficinas de 25.051 a 21.750. Pero el proceso aún no ha terminado.