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| 'TWIST AND SHOUT' |
| JOSÉ A. HERCE | Domingo, 25 de Septiembre de 2011 | |||
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Los mercados han tenido una semana de vértigo y la causa no ha sido Grecia, aunque toda el agua que cae ahora lo hace sobre el mojado pavimento griego. El motivo han sido más bien las malas perspectivas económicas libradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe sobre la economía mundial, el siempre esperado 'World Economic Outlook' de septiembre. Casi todo el mundo venía percibiendo este panorama en los muy diversos indicadores de coyuntura económica internacional que se manejan habitualmente. Desde las cuentas trimestrales oficiales de todas las grandes economías hasta los más inmediatos índices de gestores de compras, los conocidos como PMI ('Purchasing Managers Index') ya advertían de que la actividad económica se desacelera en las economías avanzadas y también en las emergentes. El segundo trimestre no fue bueno ni en los EE UU ni en Europa, y ahora el PMI de manufacturas en China está indicando contracción de la actividad. Y las monedas emergentes se están apreciando frente a las de los países avanzados, desde luego frente al euro. Todo está ligado: si el ciclo vuelve a ser adverso, los gobiernos tendrán mucho más difícil cumplir sus planes de estabilidad presupuestaria y arreciará el castigo a la deuda, los bancos tenedores de la misma serán menos solventes y su cotización en la Bolsa también sufrirá. Los inversores huyen del riesgo y se abrazan a los bonos alemanes y americanos, a cambio de una rentabilidad simbólica con tal de no perder. Así que no extraña que el FMI haya salido diciendo que el mundo se aproxima a una recesión. Lo que señala es que la economía mundial crecerá un 4% este año y lo mismo en el siguiente, revisando a la baja en 3 y 5 décimas, respectivamente, sus previsiones de crecimiento de junio pasado y cambiando sensiblemente el mensaje de hace tan sólo unos meses, para advertir ahora de que una recuperación más débil de lo esperado y una considerable incertidumbre fiscal y financiera se han combinado de manera muy perversa en los últimos meses, de manera que si no se toman urgentemente medidas decididas a escala global las cosas podrían complicarse mucho. Las economías avanzadas crecerán en 2011-2012 al 1,6% y 1,9%, 6 y 7 décimas menos que en la anterior previsión, y las emergentes al 6,4% y 6,1%, 2 y 3 décimas menos. España, por su parte -según el FMI y la mayoría de las casas de análisis domésticas-, lo hará un 0,8% y un 1,1%, respectivamente, lo que representa una rebaja de medio punto el año próximo y sin cambios en éste. El Gobierno ha reconocido, a raíz de estas previsiones, que su cuadro macroeconómico -en el que se prevé un crecimiento del 1,3% para 2011 y del 2,3% para 2012-, está... ¡desfasado! Pero no lo cambiará dada la dinámica electoral en la que estamos. Ya se ocupará de ello el Ejecutivo que siga. La desaceleración mundial, si se produce como espera el FMI, no perjudicará mucho a la economía española en 2011 -que ya está bastante perjudicada-, pero restará unas décimas al crecimiento de 2012, aunque no muchas. No es que estemos inmunizados, si bien puede que nos hallemos así después de tanto tiempo bajo el agua. Lo cierto es que la industria exportadora y el turismo, los dos únicos sectores que tiran en estos momentos, sufrirán si nuestros principales clientes entran en recesión. En ninguna parte del mundo están a salvo ahora de riesgos severos, y tampoco se están dando las condiciones que permitan a la demanda doméstica de los países avanzados sustituir a los gobiernos -incapacitados para gastar-, ni a la demanda doméstica de los países emergentes relevar a la demanda exterior -igualmente incapacitada para gastar-, apunta el FMI. Todo el mundo ahorra, huye del riesgo y espera a ver qué pasa. Alguien tiene que hacer algo. La Reserva Federal está quemando sus últimos cartuchos, vendiendo deuda a corto plazo de su balance -por valor de 400.000 millones de dólares- para sustituirla por deuda a largo del mismo importe. Este es el 'twist', pero si nadie más ayuda pronto vendrá el 'shout'. 'Twist and Shout', ¿recuerdan?..., así se llamaba una de las canciones del primer álbum de los Beatles (1963). Pero quizás no sepan que el primer título que tuvo dicha canción fue 'Shake It Up, Baby', interpretada por los 'Top Notes (los Superpintas)' dos años antes. Pues eso, que nos van a agitar de lo lindo los 'superpintas'.
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