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NÚMERO PRIMO
NI HÉRCULES PODRÍA
IGNACIO MARCO-GARDOQUI | Domingo, 25 de Septiembre de 2011

El momento actual es muy delicado en el sector de las cajas de ahorro. Muchas de ellas se encuentran en posición difícil, unas cuantas en desesperada y, las menos, presentan difusos signos de robustez. El proceso de la reestructuración del sector es muy complejo pues coincide en el tiempo con una penuria de liquidez asombrosa, con los mercados internacionales completamente cerrados y con unas condiciones de refinanciación extremadamente duras. Si, a todo ello, le sumamos las imperturbables injerencias políticas, la evidencia de un próximo cambio de ciclo y las resistencias naturales a perder un poder que fue omnímodo, habremos completado un panorama complejo y frágil.

Los ciudadanos hemos perdido la fe y ya no creemos nada. Primero se nos dijo que teníamos el sector financiero más sólido de Europa. Luego superamos el primer test de stress con la sola mácula de la Caja de Castilla la Mancha. Pocos meses después se repitió el test -¿por qué razón? ¿Estaba mal hecho el primero?- y aparecieron muchos signos de preocupación. Pero empezaron los movimientos de urgencia. Las cajas se fusionaron a través de unos mecanismos jurídicos incomprensibles y, aunque se acercaron a la 'privacidad mercantil', se mantuvo la presencia política. Unas veces de forma velada y, en la mayoría de las ocasiones, de manera imponente.

Ahora, nos anuncian nuevos test, para el conjunto del sector financiero -¿por qué razón? ¿Estaban mal hechos los dos primeros?- y nos adelantan necesidades cien millonarias para reequilibrar -otra vez de manera definitiva - sus balances. ¿Cómo es posible que a tres años y medio del inicio de una crisis de origen inmobiliario, pero de desarrollo fundamentalmente financiero, sigamos si conocer la verdad, sin visualizar el fondo, sin cuantificar las necesidades de dinero y sin tener un plan corporativo con unas mínimas pretensiones de ser definitivo? Con estas condiciones, la actitud de los impositores -nadie ha salido corriendo de las sucursales con los ahorros bajo el brazo- constituye un milagro de prudencia, un ejemplo de templanza y un respetable ejercicio de cordura y paciencia.

El problema no tiene pinta de resolverse en el inmediato futuro, sobre todo para aquellas cajas que deban acudir a los mercados privados para fortalecer sus cuentas y recapitalizar sus balances. Si no hay dinero para el Estado español, que vive a expensas de la caridad del Banco Central Europeo; si no hay dinero para los grandes bancos, que no pueden emitir y se lanzan a colocar pagarés entre sus sufridos clientes a través de su disciplinada red de oficinas; ¿Cómo vamos a encontrar dinero para unas entidades cuya titularidad es difusa, su actuación confusa y sus cuentas endebles? La tarea no es ardua, es hercúlea.