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Luces y sombras para el euro
INNOVA CANTABRIA | Domingo, 30 de Octubre de 2011

La gran fiesta de despedida que el mundo financiero y político europeo ofreció a Jean-Claude Trichet, el pasado día 19 en Francfort, estuvo marcada por una regla de oro que impera en este tipo de eventos. Todas las personalidades que ocuparon la tribuna se dedicaron a la agradecida labor del elogio.

En una larga lista de oradores distinguidos, Angela Merkel aceptó sin vacilar el honor de ser la última en agradecer el papel del banquero, e incluso se atrevió a compararlo con un artista, que tuvo éxito en gestionar la política monetaria que afecta a los 17 países que integran la 'zona euro' y, a su vez, garantizar la estabilidad de la divisa comunitaria

«Jean-Claude también tuvo el valor de confrontar a los políticos con verdades desagradables», insistió la canciller, que sorprendió a los invitados al utilizar el familiar tuteo para referirse al presidente del BCE, de 68 años. ¿Qué otra cosa se puede esperar cuando se le ofrece un gran homenaje al hombre que dirigió los destinos del Banco Central Europeo en los últimos ocho años?

Quizás una dura reprimenda a los políticos europeos, como hizo el excanciller Helmut Schmidt, uno de los oradores. Con la franqueza que le permiten sus 92 años, el legendario político socialdemócrata no vaciló en atacar sin piedad a los gobiernos europeos por su comportamiento en la crisis de la deuda.

«No estamos enfrentados a una crisis del euro, que se ha convertido en una charla frívola de políticos y periodistas», dijo Schmidt, al dirigir su mirada a la primera fila del salón donde estaban la canciller y las máximas autoridades de la UE. «En verdad se trata de una crisis del funcionamiento de las instituciones políticas. Y esto es para el futuro de Europa una amenaza mucho mayor que el endeudamiento de algunos países de la 'zona euro'».

Aunque el legendario político también tuvo la humildad de inclinarse ante la labor realizada desde 2003 por el Consejo de Gobierno del BCE. «Solo el directorio del Banco bajo la dirección de Trichet ha demostrado ser efectivo en la crisis financiera y de la deuda», dijo el excanciller, que cosechó una larga ovación y logró humedecer los ojos del aludido.

A la hora de realizar un balance de la gestión del banquero francés, es cierto que no pueden olvidarse los logros alcanzados por la institución, sobre todo en la gestión de la política monetaria de la 'zona euro'. A lo largo de esos ocho años, Trichet utilizó todas las tribunas que tuvo a su alcance para recordar que el único mandamiento del BCE era defender la estabilidad de precios.

El Banco logró mantener las expectativas de inflación firmemente ancladas, en línea con la meta final de mantenerla en tasas inferiores o próximas al 2 % a medio plazo. Para alcanzar esta meta, mantuvo los tipos de interés en el 2 % entre 2003 y 2005, aunque luego comenzó a incrementarlos de forma paulatina hasta alcanzar el 4,25% en julio de 2008.

Fue entonces cuando el banquero francés, que había sido bautizado en los años noventa como «el clon del Bundesbank» y «esclavo de los prusianos» -a causa del respeto que sentía por la independencia del banco central alemán y su férrea disciplina monetaria-, tuvo que enfrentarse a los cantos de sirena de los políticos que le pedían un cambio radical en esa política monetaria.

El estallido de la crisis financiera y económica mundial, provocado por el colapso de la banca Lehmans Brothers, le obligó a cambiar de estrategia. Peor aún, la posterior crisis de la deuda que nació en Grecia trastornó un modelo que parecía casi perfecto. Así, cuando Trichet ceda esta semana entrante el sillón a su sucesor en el cargo, Mario Draghi, también le dejara una pesada herencia que ha sacudido los cimientos del banco y que provocó la renuncia de dos importantes miembros del directorio.

Algo imprevisto

Para evitar el colapso de la 'zona euro', el BCE comenzó en mayo de 2010 a comprar deuda soberana de Grecia en los mercados secundarios, una medida peligrosa y polémica que impidió la debacle pero convirtió al banco en un organismo que nadie había previsto. El BCE, al financiar de forma indirecta los compromisos adquiridos por Atenas, además de violar los tratados que dieron vida al euro vino a transformarse en una institución política.

Trichet, para salvar la imagen del Banco, quiso dejar claro que la compra de deuda soberana seria solo una medida transitoria y urgió a los políticos europeos a definir un concepto sólido para solucionar la crisis del euro, el único camino -a su juicio- que permitiría al BCE regresar a sus verdaderas raíces.

La polémica medida convirtió a la institución -según el exministro de finanzas alemán, Peer Steinbrück- en el «Bad Bank (banco malo)» mas grande del continente. Según diversas fuentes, el BCE ya ha invertido 160.000 millones de euros en la adquisición de deuda soberana de España, Italia, Grecia, Irlanda y Portugal.

La compra de títulos soberanos, además de controvertida, dividió al directorio del banco y puso también en duda la credibilidad de su presidente. Axel Weber, ahora expresidente del Bundesbank, criticó públicamente la compra de esa deuda y luego renunció a su cargo, incluida la posibilidad de ocupar el sillón reservado al jefe del BCE. Esta misma actuación fue imitada hace dos meses por Jürgen Stark, jefe de economistas del BCE.

«Creo que el BCE ha hecho todo lo que ha podido para cumplir con sus responsabilidades en circunstancias excepcionales», dijo Trichet hace poco al periódico inglés. 'Financial Times'. Días más tarde, y ya en el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung' alemán, justificó que «hemos tenido que actuar porque los gobiernos no tomaron en serio su responsabilidad de asegurar la estabilidad financiera».

Aún no está claro si Trichet será recordado como un héroe que logró impedir -gracias a una decisión polémica- el hundimiento de la 'zona euro', pero nadie pone en duda que pudo ofrecer un balance impecable hasta mayo de 2010. Varios expertos en Francfort -como Jörg Krämer, jefe de economistas del Commerzbank-, creen, no obstante, que la única sombra que empaña el brillo de su gestión ha sido la compra de deuda soberana.

Es posible que esta medida acompañe el recuerdo de Trichet en los próximos meses, pero él usó varios escenarios para defender esa herramienta, que siempre calificó de «extraordinaria». Su apasionada defensa de la misma llegó, incluso, a acabar con su fama de hombre amable y conciliador, hasta el punto de que en su penúltima conferencia de prensa una pregunta de un periodista alemán le convirtió en un banquero colérico

El periodista quiso conocer su reacción ante las críticas en Alemania sobre la decisión del Banco de comprar bonos en los mercados secundarios. Después de recordar que el BCE había proporcionado estabilidad de precios en el país germano durante los últimos 12 años, el banquero señaló que, en medio de la peor crisis económica y financiera tras la Segunda Guerra Mundial, habían logrado mantener la confianza en la divisa. «Lo conseguimos porque decidimos con frecuencia no hacer cosas que nos recomendaban algunos gobiernos», enfatizó.

«Si nos hemos visto obligados a comprar bonos soberanos es porque los gobiernos no se han comportado de forma apropiada y no han sido cuidadosos», sentenció Trichet con una voz claramente endurecida. Críticas aparte, su sucesor, Draghi, ya ha anunciado que seguirá el mismo camino. Veremos a ver si también el tono.