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| La tragedia griega socava al euro |
| TERESA VELASCO | Domingo, 06 de Noviembre de 2011 | |||
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Esta semana han saltado las alarmas en los confines de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Una de sus economías más pequeñas ha hecho tambalear los cimientos del euro durante cuatro intensos días, que incluyeron la convocatoria y posterior anulación de un referéndum que, a la postre, se interpretó como la primera deserción de la moneda única. Grecia vive su peor crisis económica y política. La cesión de soberanía en sus principales decisiones llegó a poner al primer ministro heleno, Yorgos Papandreu, al borde de la dimisión, en un pulso interno con la oposición y sus ciudadanos para salvar al país. Con sus últimas idas y venidas, ha querido hacer ver a la 'zona euro' que sus exigencias a cambio de ayudas condenan a sus ciudadanos a la miseria, aunque admitiendo al mismo tiempo que sin esos fondos el país caería en la más absoluta ruina. Es decir, la cuadratura del círculo. La decisión final -usar este término hablando de Grecia resulta ya arriesgado-ha sido elegir miseria en vez de ruina, respaldando a Papandreu en una muy apurada moción de confianza y con la posible creación de un Gobierno de coalición hasta unas elecciones anticipadas. Y es que en este debate, lo paradójico es que el 60% de los griegos rechaza nuevos sacrificios, pero el 70% no quieren salirse del euro, aunque en Europa tampoco se hayan hecho bien las cosas. Pero ahora es ya momento de extraer conclusiones. Como explica el profesor de Economía del IE Business School, Juan Carlos Martínez Lázaro, «ante la primera crisis profunda del euro» se ha podido comprobar que cuando se construyó la moneda única no se trató una parte importante, como es la gobernanza de la zona, junto con una política fiscal común. Y es que en estos tiempos severos se ha echado muy en falta un organismo que coordine, siquiera mínimamente, ese tipo de actuaciones. Pero, además, se ha podido comprobar la debilidad del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. En época de bonanza económica, éste tiene fijado unos límites de déficit y deuda excesivos, con un amplio margen de flexibilidad para los países miembros y, pese a ello, muchos -incluidos Alemania y Francia- se han saltado la norma, «unos polvos que nos han traído ahora estos lodos». El profesor confía en que «se haya aprendido la lección» para que se implemente una verdadera coordinación de las políticas fiscales y se revisen los presupuestos de cada Estado. No obstante, cree que nunca ha existido una posibilidad real de que «el euro se rompa; solo pensarlo sería un auténtico suicidio colectivo». Es más, su conclusión es que «lo mejor del euro está por llegar». Casi todo el mundo coincide en las recetas. Hay que definir la «gobernanza» de la 'zona euro', fijar una institución que marque las líneas fiscales y cambiar el sistema de toma de decisiones -ahora «disparatado y lento», apunta Martínez Lázaro-, porque son muchas las voces que se escuchan y los organismos que deciden en una arquitectura institucional que se hace ingobernable. Incluso hay que ir a otro tipo de mayorías sin consenso para ganar en rapidez y eficacia, como ocurre en cada país. Y, por supuesto, definir las funciones de cada institución. Mientras, habrá que confiar en que las decisiones que se van adoptando nos ayuden a salir de la crisis. Eso sí, parece descartado que cada país vuelva a su moneda; resultaría «desastroso», afirma el profesor de Economía de ESADE, Eugenio Recio. En el caso de Grecia, dada su situación, volver al dracma podría devaluarlo, lo que facilitaría sus exportaciones, pero pondría aún más difícil que pudiera comprar fuera. Si ahora a los griegos se les pide sacrificios, fuera del euro «vivirían peor». Por tanto, en estos momentos «no tiene salida como país fuera de esta zona», ya que se declararía insolvente: no pagaría, pero tampoco encontraría financiación para abonar las nóminas de pensionistas o funcionarios. Sería su ruina total de la que «tardaría más de 30 años en salir». Luego los ciudadanos deben decidir valorando pros y contras. Malo para todos Sería malo para Grecia, pero tendría unas consecuencias muy negativas para el resto de sus ahora socios. Primero habría un «nefasto» efecto contagio a Italia y España, que resultarían imposibles de rescatar, aunque sí se las podría ayudar a pagar los vencimientos hasta que la recuperación económica llegue. Y junto al contagio «monetario-financiero» habría otro político, ya que cada vez hay un rechazo mayor al euro por parte de muchos ciudadanos. Recio, además, considera que el Pacto de Estabilidad debería buscar el equilibrio entre el crecimiento y la estabilidad presupuestaria, puesto que si los gobiernos solo se centran en reducir el déficit la única salida que tienen es subir los impuestos o emitir más deuda, frenando así la recuperación. No obstante, para que la economía crezca también tiene que haber estabilidad financiera. En el caso de España, el problema es que con la crisis las Administraciones -empezando por el Gobierno central- optaron por gastar a espuertas para reactivar la economía, pero lo hicieron mal. Prescindieron de la estabilidad sin lograr reanimar la actividad. Por ello, este profesor insiste en que la única solución que tenemos es crecer para hacer frente al endeudamiento, sin olvidar que hay que volver a la estabilidad presupuestaria lo antes posible, pues es «la garantía final de que haya un crecimiento y empleo estables». La posibilidad de que Italia y España tuvieran que ser rescatadas, advierte Recio, supondría «hundir al euro» y abandonar la moneda única. Traería «consecuencias fatales» -continúa-, pues se reduciría el nivel de vida, entre otros efectos. Por tanto, aconseja que los países de la UEM adopten medidas novedosas. Por su parte, Antonio Argandoña, profesor de Economía del IESE, interpreta que la crisis griega ha obligado a Papandreu a decir a sus ciudadanos que sean ellos los que decidan y a apelar a la 'zona euro' para que sea más generosa en sus exigencias, argumentando que sus ciudadanos ya no quieren más ajustes. Lo peor que puede pasar es que Grecia suspenda pagos y que cada país socorra a sus bancos afectados por las deudas incobrables. ¿Y si hay bancarrota? En cualquier caso, si Grecia termina declarándose en bancarrota, los siguientes en caer -Argandoña coincide con sus colegas- serán Italia y España. «Estamos en un mundo de locos, y ya se paga no solo por lo que uno hace», advierte. A su juicio, el problema último es la propia Europa, y todos están mirando a ver qué hace. Por eso, apunta, «no vale con decir 'se acabó'», pues la única solución es «sacar adelante al país». Pase lo que pase, se muestra convencido de que el euro no va a desaparecer, aunque «se han hecho muchas tonterías». Cree que si Grecia lo abandona, sería malo en un principio, pero piensa que a medio plazo resultaría «bueno», ya que Europa se va a tomar en serio qué hacer con los países amenazados. Y esa solución pasa por garantizar sus deudas mientras resuelven sus problemas, es decir, un aval más que un rescate. A diferencia de sus colegas, Federico Steinberg, profesor del Real Instituto Elcano, hubiera visto lógico el fallido referéndum, dados los ajustes tan fuertes que está llevando a cabo Grecia y la gran contestación social. «En eso consiste la democracia», apunta. «El problema -precisa-ha sido el 'timing' del anuncio por parte del primer ministro, que siente la necesidad de legitimarse para poder cumplir con lo pactado». Admite, en cualquier caso, que de haber salido el «no» al rescate en una consulta popular, «se hubiera abierto la caja de Pandora y nadie conocen las consecuencias a ciencia cierta», más allá de una quiebra desordenada y una probable salida del euro. Y, de nuevo, un contagio de dimensiones difíciles de anticipar sobre España o Italia y, en general, para todas las economías, sin obviar las «enormes» perdidas bancarias. Solo cabe, por tanto, revisar y remediar la débil cimentación del euro pues, como se ha visto esta semana con el penúltimo acto de la tragedia griega, de no hacerlo las consecuencias serían un retroceso económico de décadas.
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