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| Las cabezas que han caído por la crisis |
| ANA BARANDIARAN | Domingo, 13 de Noviembre de 2011 | |||
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La crisis se ha convertido en una guillotina muy afilada para los líderes europeos. El último en subir al patíbulo ha sido el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, forzado a prometer su dimisión el martes y luego a acelerar su salida. El anuncio tenía lugar tan solo dos días después de que su homólogo griego, George Papandreu, sintiera caer la cuchilla sobre su cuello. Son los casos más recientes y también los más paradigmáticos, no sólo porque Italia y Grecia se encuentren en el ojo del huracán, sino porque lo suyo ha sido un derrocamiento en toda regla, ejecutado por los mercados pero instigado desde el directorio Berlín-París, que pone en la picota a los mandatarios que amenazan su plan de salvamento, basado en duros ajustes y reformas. De ahí que se haya avivado el debate sobre la pérdida de democracia y soberanía nacional. Sin entrar en esas disquisiciones, Berlusconi y Papandreu tan sólo son los dos últimos nombres de una larga lista de cabezas que han rodado a causa de esta crisis, la peor en décadas. Las hay de todos los colores políticos, sin distingos entre derechas e izquierdas. Algunas como las citadas han caído con violencia, especialmente en los países con más problemas, y otras, de forma más suave, por decisión de las urnas ante una ciudadanía harta de sufrir. Y pocas, muy pocas, permanecen aún firmes sobre los hombros ante el profundo desgaste que la persistente tormenta económica produce en estos mandatarios. «Es el voto de castigo por la mala situación económica. Los americanos lo tienen muy estudiado. Hasta han analizado qué nivel de deterioro determina una derrota segura del presidente de turno. Y prácticamente toda Europa ha rebasado ese umbral», explica Ignacio Molina, investigador principal para Europa del Real Instituto Elcano. Según recuerda, desde la caída de Lehman Brothers en 2008 ha habido una veintena de procesos electorales en la UE y todos los ha perdido el partido en el poder, salvo tres excepciones: Suecia, Polonia y Estonia. Justo los tres donde la economía marcha algo mejor. Quizás también habría que incluir a la canciller alemana Angela Merkel, que salió reelegida en 2009 aunque, desde que estalló la crisis de deuda, su coalición con los liberales no ha parado de acumular derrotas en los sucesivos comicios regionales. 'Pigs', al matadero Como era de esperar, en los países de la 'zona euro' que han tenido que ser rescatados el cambio de gobierno ha sido fulminante. Es cierto que el primer ministro griego, el socialista George Papandreu, ha aguantado hasta hace pocas fechas, pero hay que recordar que fue elegido en 2009 para poner orden en el desaguisado organizado por su predecesor, el conservador Kostas Karamanlis, responsable de falsificar las cuentas y ocultar el déficit real. El problema es que no ha sido capaz. Tras dos años de buscar un equilibrio imposible entre un pueblo indignado por los continuos ajustes y una Europa que exigía más y más a cambio de su ayuda, se ha visto obligado a abandonar. Firmó su sentencia de muerte al desafiar a la UE con el anuncio de referéndum sobre las condiciones del rescate, aunque seguramente era una estrategia para lograr los apoyos internos necesarios para adoptar las duras medidas exigidas. De ser así, lo logró, pero a costa de su cabeza. En Irlanda, el primer ministro Brian Cowen se vio forzado a convocar elecciones anticipadas después de que el otrora boyante 'tigre céltico' se tornara en noviembre de 2010 en el segundo país del euro en ser rescatado. En los comicios, su partido, el Fianna Fáil, el más votado en la historia de la República, sufrió un sonado batacazo. Ahora gobierna el conservador Fine Gael con los laboristas, en una coalición liderada por Enda Kenny. El desenlace fue el mismo en Portugal, aunque distintos los tiempos. El socialista José Sócrates presentó su dimisión un mes antes de que el país fuese rescatado, en abril de 2011. Tiró la toalla al rechazar el Parlamento su cuarto plan de ajuste. Luego, en las elecciones de junio, el partido encabezado por el conservador Pedro Passos Coelho obtuvo una victoria aplastante. Pero, ¿ha ayudado realmente el cambio de poder a salir del agujero? Irlanda es, por ahora, el único país que registra una mejoría evidente. Su prima de riesgo se ha reducido respecto al momento del rescate, cuando quebró debido al colapso de la banca, tras vivir un 'boom' del crédito y un milagro económico muy similar al español. La clave de su relativo éxito radica en su capacidad para atraer inversiones -gracias, en gran medida, a su fiscalidad- y también para exportar. Desde el punto de visto político, ha ayudado la formación de un Ejecutivo de coalición con amplios apoyos en el Parlamento. Berlín manda Ese es, al menos, un ejemplo de que se puede marcar una diferencia a escala nacional, a pesar de que resulta cada vez más evidente que se gobierna desde Bruselas, o más bien desde Berlín, con la aquiescencia de París. «No caben cambios de política, sino sólo de políticos», afirma Molina, que explica cómo, en el actual contexto económico, la principal 'ventaja' que se puede obtener de un proceso electoral es alumbrar un Ejecutivo de unidad con más respaldo para imponer las medidas exigidas en Europa. Justo lo que se pretende en Italia y Grecia con la designación de los tecnócratas Mario Monti y Lucas Papadimos, respectivamente. «Esta es una crisis de la moneda única que sólo se puede atajar combinando medidas europeas y reformas nacionales», coincide José María de Areilza, titular de la cátedra Jean Monnet-Instituto de Empresa, que advierte del peligro que supone que «un grupo pequeño de países -en referencia a Alemania y Francia, aunque con mucho más peso el primero que el segundo- decida sobre los demás». Para empezar, hay serias dudas de que la receta de austeridad de Merkel sea la correcta. Sin olvidar que Alemania es el gran obstáculo para que el Banco Central Europeo, el único instrumento que según los expertos puede frenar a los mercados, actúe con toda su potencia. A pesar del escaso margen de maniobra nacional, hay un consenso casi unánime en que la marcha de Berlusconi es vital para que Italia no termine en el fondo del abismo y arrastre consigo a la 'zona euro'. Su credibilidad para acometer las reformas estructurales y los ajustes que le piden desde Europa es nula. Nadie confía en él. Es difícil tomar en serio a un líder que, cuando se especula con la quiebra del país que dirige -la tercera economía europea-, responde que «los italianos están bien porque hoteles y restaurantes están llenos». No quiere esto decir que con la dimisión de 'Il Cavaliere' se acaben los problemas para Italia. Una deuda del 120% del PIB, un crecimiento raquítico y unos costes de financiación disparados no se arreglan de un día para otro. Pero con un nuevo Ejecutivo de unidad hay, al menos, alguna posibilidad de evitar la catástrofe y afrontar la dura etapa que se avecina. 20-N «Berlusconi es un peligro y Papandreou también ha fallado, porque hizo mucho menos de lo que se le exigía. En realidad, no creía en la receta de austeridad de Merkel», opina Areilza. Con la caída del presidente italiano ya sólo falta que el 20-N se materialice en España ese giro al que apuntan las encuestas, con la victoria del PP, a fin de que se complete el cambio político en todos los 'pigs' -'cerdos' en inglés-, acrónimo peyorativo con el que los medios financieros anglosajones se refieren a los manirrotos países de la periferia de Europa y que abarca a Portugal, Italia -desde hace un tiempo se pone doble i para incluir a Irlanda-, Grecia y España. En realidad ya estaría justificado hacer juegos de palabras con el triste final de los 'pigs', dado que hace meses que José Luis Rodríguez Zapatero figura entre los mandatarios que se han venido abajo. En verano convocó comicios anticipados, tras anunciar en abril que no se presentaría a la reelección. Zapatero se va 'achicharrado' por el paro y los recortes, y también muy cuestionado por su gestión, aunque hasta los más críticos reconocen que, al menos en el último momento, ha logrado algo positivo para España: que Italia se colocara en una posición todavía peor, como la siguiente ficha del dominó que podía caer, lo que en parte sirve de parapeto a nuestro país. «Su mérito consiste en haber sido más obediente que Berlusconi», señala Areilza. Pero se equivoca el que crea que sólo los gobiernos de los países rescatados o bajo presión en los mercados sufren el brutal desgaste de esta crisis. No hay más que hacer un pequeño repaso para comprobar que no es así y que alcanza a casi todos. Uno de los primeros en sentirlo en sus propias carnes fue Gordon Brown, en las elecciones que Reino Unido celebró en 2010. Los conservadores británicos, liderados por David Cameron, las ganaron -aunque sin mayoría absoluta- y pusieron fin a 13 años de mandato laborista. Todo apunta a que la historia se va a repetir cuando Francia y Alemania acudan a su cita con las urnas. Y eso que Nicolas Sarkozy está haciendo un esfuerzo sobrehumano para colocarse al lado de Merkel, como el núcleo duro y fuerte de la Unión Europea. Pero a nadie se le escapa que París también está en riesgo: puede perder la triple A, la máxima calificación crediticia, y situarse en la diana de los mercados. Las encuestas, por lo pronto, conceden una clara victoria al socialista François Hollande. Y a la canciller alemana no le va mejor, con críticas dentro de su 'casa', por salvar a los manirrotos países del sur, y fuera, por no hacer lo suficiente para estabilizar el euro. Lo que no parece que vaya a repetirse es lo de Islandia, el único país que ha sentado en el banquillo a un primer ministro, el conservador Geir Haarde, por su responsabilidad en la crisis. Se le acusa de no haber evitado el colapso de la banca en 2008.
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