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| RASTREANDO SU FUTURO |
| IGNACIO MARCO-GARDOQUI | Domingo, 04 de Diciembre de 2011 | |||
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Han pasado 20 años desde la liquidación definitiva del sistema comunista en Europa. La matización geográfica resulta conveniente pues aún quedan algunos restos de la ideología, de manera original en Asia y de forma brusca en América, en donde Cuba mantiene las esencias contra viento, marea y. contra el desarrollo de su propio pueblo. El proceso de democratización ha sido completamente diferente en los dos colosos comunistas. Rusia y sus países satélites de un lado, y China de otro. Mientras que el Partido Comunista Chino, en uso normal de su poder, eligió atacar primero los cambios en el modelo económico y luego -ya veremos cuando-, transformar la política; en Rusia, el Partido comunista saltó en pedazos y tuvo que optar primero por la política y luego, poco tiempo después, cambiar la economía. En la antigua Unión Soviética, el proceso de democratización ha devenido en una saga poderosa en donde el omnipotente Putin se autosucede, elección tras elección, ante la mirada estupefacta del mundo y el desinterés de sus ciudadanos. Mientras, el resto de países limítrofes se las ven y se las desean para caminar hacia algo que se parezca a una democracia parlamentaria. Por su parte, el proceso de liberalización económica se ha hecho a través de un juego de intereses, alrededor de grupos de poder enormes y a veces despiadados, que mueven los hilos del escenario en el que danza una clase media cada día más numerosa y más obnubilada por el consumismo desaforado. No obstante, a día de hoy, Rusia no ha solucionado todavía sus numerosas ineficiencias, herencia de un sistema letal para su economía, y tampoco alcanza los niveles de respeto al medio ambiente, cuidado de los derechos laborales y obediencia a las leyes mercantiles que son habituales en el mundo occidental. La descomposición del llamado imperio soviético humilló al país en lo político y puso al descubierto sus vergüenzas económicas. Ahora, una vez recobrada la calma institucional, trata de recuperar también el puesto destacado que ocupó en la escena mundial desde el final de la segunda Guerra Mundial. Es una tarea ingente que se apoya en sus enormes reservas energéticas y en un mercado interior ávido de crecimiento, que a su vez le sirve para impulsar el crecimiento del país a un ritmo veloz, desde luego muy superior al nuestro de hoy. Pero el proyecto solo tendrá éxito y será consistente en el tiempo si, previamente, regularizan su esquema político, consolidan su espacio jurídico y, en definitiva, homologan los usos y costumbres con los habituales en las economías desarrolladas. La tarea es más política y social que económica, y no está claro si coincide con los intereses de una clase dirigente que, hoy por hoy, parece primar su enriquecimiento personal.
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