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ASÍ EMPEZÓ
«Sigue siendo gratificante ver el patio de butacas lleno»
E. GÓMEZ DE LAS HERAS | Domingo, 05 de Febrero de 2012

Nieta de artistas teatrales y con la interpretación corriéndole por las venas, Julieta Serrano (Barcelona, 1933) comenzó su andadura profesional, con solo 15 años, muy cerca del cine. Con más de 50 películas a sus espaldas e infinidad de obras de teatro, es una de las más prolíficas actrices de nuestro cine, y una de las más talentosas artistas de su generación. Pero ¿cómo empezó todo?

- ¿Recuerda cómo ganó sus primeras pesetas?

- No entré en el teatro profesional propiamente dicho hasta los 24 años, pero desde los 15 me ganaba la vida dibujando. Como tenía cierta habilidad, mis padres me habían apuntado a la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona siendo una niña, y se me daba muy bien. De esa manera, encontré trabajo en una pequeña productora de cine animado, llamada Estela Films, que estaba preparando una versión española de 'La Cenicienta'. Mi trabajo allí, al principio, consistía en lavar celuloides -para reutilizarlos-, pero después hice una prueba para intercaladora, ascendí y, por casualidad, el sitio que me asignaron estaba justo al lado del de Escobar, el genial dibujante de, entre otros, Zipi y Zape.

- ¿Cómo dio sus primeros pasos en el teatro?

- Mis abuelos habían sido artistas, habían tenido una compañía de teatro propia, y en mi casa había muchos vestidos, que yo usaba desde pequeña para disfrazarme y subir en una silla para recitar poesía en casa. Mis padres me llevaron al Conservatorio del Liceo para niños, sobre todo para que me desahogara. Fui al Orfeón de Sants y al Orfeón de Gracia, y ya con once años conocía a Nuria Espert y nos hicimos amigas para toda la vida.

- ¿Cómo y cuándo se produjo el salto al cine?

- Lo primero que hice fue un corto en Barcelona llamado 'El puente' y, poco después, Miguel Narros y José Luis Alonso, a quienes considero mis padrinos profesionales, me introdujeron en Madrid. Mi primera obra de teatro en la capital fue 'La rosa tatuada', de Tennessee Williams. Salió muy bien, y al parecer llamé la atención bastante. Al poco tiempo me estaba llamando Mariano Ozores, con el que hice mis dos primeras películas: 'Crónica de nueve meses' y '40 grados a la sombra'.

- ¿Y qué puede decirnos de la experiencia de trabajar con Almodóvar?

- En aquellos años Pedro no era la estrella internacional que es hoy, hace mucho tiempo de eso. Entonces éramos una gente muy feliz, con mucha ilusión y muy inocentes. En realidad conocí a Almodóvar en el teatro, en 1976. Yo estaba haciendo 'La casa de Bernarda Alba', y él era uno de los hombres que, en aquel montaje, se disfrazaban de las mujeres que iban a llorar a casa de Bernarda. Poco después me llamó para hacer un papel pequeñito en 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón', y después 'Entre tinieblas'. Tengo que decir que este último ha sido uno de los grandes trabajos de mi carrera, junto con el de 'Mi querida señorita' con Jaime de Armiñán.

- Ahora está de nuevo en Madrid con 'La sonrisa etrusca', basado en la obra de José Luis Sampedro.

- Hemos vuelto a Madrid por el éxito que tuvo en la primera etapa. Después de ella estuvimos de gira por toda España y ahora hemos vuelto. Para mí, personalmente, ha supuesto un grato reencuentro con José Carlos Plaza, con quien hacía mucho tiempo que no trabajaba, así como con Héctor Alterio. En ella podemos encontrar mucho contraste, mucha risa, mucha emoción. En la compañía la estamos disfrutando mucho, y más cuando vemos que el público responde. Sigue siendo muy gratificante ver cómo se llena el patio de butacas.