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| Sin confianza..., tampoco hay crecimiento |
| TERESA VELASCO | Domingo, 05 de Febrero de 2012 | |||
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Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue la primera en advertir a los países del euro que tal vez haya que dejar de pisar el acelerador de los recortes y comenzar a tomar medidas que reactiven la economía, porque cumplir el objetivo de déficit está agravando la situación hasta volver incluso a caer en recesión. La última reunión del Foro de Davos vino a confirmar las teorías de la exministra de Economía francesa, y magnates y expertos como George Soros, Nouriel Roubini o Paul Krugman nos han leído la cartilla. Hay que adoptar medidas para reactivar la economía. Tras más de dos años de recortes, catedráticos y profesores españoles también llegan a la misma conclusión, aunque con matices. Algunos, como Rafael Pampillón, profesor del IE School Business, consideran que hay que coordinar la reducción del déficit con las medidas de crecimiento. Ninguno de los dos objetivos debe olvidarse. O como explica Eugenio Recio, profesor de Economía de ESADE, hay que armonizar la política de austeridad con las medidas que se adopten para reactivar la economía. También todos los expertos consultados ven necesario que Bruselas flexibilice los plazos y objetivos de déficit. En este sentido, Recio cree que de no dar más tiempo, «no se podrá hacer nada» ya que se tendrá que seguir recortando gasto público y subir más impuestos, lo que sería muy «pernicioso» para la hoy lejana recuperación. Otro matiz. Luis Caramés, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Santiago de Compostela, reconoce que España «aún debe terminar el ajuste severo», por lo que el final de este ciclo será «recesivo». Por ello, justifica los recortes como única vía para «limpiar y ordenar». Y el paisaje sobre el que se debe trabajar son menores expectativas de crecimiento internacional y dilaciones de la UE, unidas a la política restrictiva de crédito desde los bancos y la atonía de la demanda. Pese a esta radiografía, Caramés aprecia elementos «para la esperanza», como la mayor confianza que parece dar el nuevo Gobierno a los mercados, pese a la descoordinación inicial del área económica. Es justo en la confianza donde -a su juicio- se debe vencer el «círculo vicioso» de la caída del precio de los activos y la deuda (soberana y privada), que aboca a nuevas correcciones de los mercados. Una vez lograda esa credibilidad, será posible ganar la confianza y empezar a crecer. La pregunta del millón es cómo reactivar la economía sin abandonar el objetivo del déficit. La teoría económica muestra que solo hay dos caminos. Por un lado, que el sector público comience a invertir (en infraestructuras, sobre todo) y, de otro, que se estimule el desarrollo de la empresa privada. A ello se sumarían las reformas estructurales. Profesores y expertos como Recio insisten en la reforma laboral, pero en una dirección distinta. De momento, ha sido positivo que se moderen los salarios, dado que facilita que las empresas aumenten su actividad y el empleo. Rafael Pampillón concreta más las medidas, partiendo de la base de que debe tenerse en cuenta el largo plazo para ver sus efectos. Sobre la reforma laboral, sugiere que la mano de obra quede asignada de forma eficiente, otorgando mayor flexibilidad a las empresas, porque si éstas consideran que se les suponen menos costes verán más capacidad para competir. La otra vía son las exportaciones. Hasta 1995 nuestro país podía utilizar como instrumento la devaluación de la moneda. Pero ahora ya no es posible. Sólo se puede esperar que el BCE siga bajando los tipos. Con ello, las empresas ganarían en competitividad, junto con la reducción de costes laborales y financieros, y de salarios. Alfredo Pastor, profesor de Economía de IESE-Barcelona, también ve clave la reforma laboral siempre que se logre que resulte atractivo contratar. Como novedad, apunta que se deberían cambiar las cotizaciones sociales por un tipo de IVA más alto. Europa ya nos lo ha pedido y el Gobierno lo medita seriamente para los Presupuestos de 2012, que presentará en marzo. La educación, también Y en ese largo plazo del que habla Pampillón se encuentra también la política educativa. No se trata de cambiar el nombre de las asignaturas, si no el mismo modelo para que sea competitivo. Ello requiere despolitizar la educación y apostar por la excelencia. Con todo, el capital humano, la formación de los trabajadores, la tecnología y la innovación son los que contribuirán a crear un futuro con más expectativas. Pero tampoco se puede olvidar el lado social de la crisis. En el gabinete de estudios de UGT, la economista Ana Viñas coincide en que reducir el déficit no lleva precisamente al crecimiento económico ni a la creación de empleo. Para ella, el modelo social «no se puede tocar», porque el Estado de Bienestar permite sostener las rentas y que los ciudadanos consuman. Las prestaciones sociales, la educación, las pensiones y la sanidad «contribuyen, sin duda, a ello», sostiene. Y es que el consumo interno tiene también la llave del crecimiento, dado que el 60% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB) depende del consumo de los hogares. Pastor, por su parte, estima que solo se podrá reactivar el consumo disminuyendo el paro. Otra opción que apunta Viñas es cambiar la estructura de los ingresos del Estado. Afirma que bajando impuestos se reactivaría la economía y, con ello, aumentarían los ingresos públicos. También se deberían subir tributos como el del Patrimonio, o crear la 'tasa Tobin' para gravar las operaciones financieras. Y para Alfredo Pastor, también es «vital» que fluya el crédito privado, y lo primero que se tiene que hacer es que el sector público pague a sus proveedores. La reforma financiera tiene la parte buena de acercar el valor de los activos al balance real, pero la única forma de que vuelvan los préstamos es que los bancos saneen balances, reciban capital y se estabilicen los mercados. En todo caso, seguir restringiendo el gasto público es llevar a España «al colapso económico». El objetivo de déficit se puede aplazar, siempre y cuando a los mercados se les dé confianza de que no se abandona aquel. Y ésta solo se puede ganar mostrando un marco claro, empezando por el sistema financiero, con un calendario sin letra pequeña y más transparencia. Se trata, como decía Lagarde, de que esta nueva empresa que acomete Europa «es una maratón, no una carrera de 100 metros lisos».
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